Heroínas del cine de acción (1/2): Los años 80 y 90

Durante los años sesenta y setenta la segunda ola del feminismo puso en cuestión las asunciones esencialistas sobre la mujer como ser no agresivo ni violento por naturaleza, y permitió abrir caminos profesionales hasta entonces exclusivamente masculinos, como el ámbito policial o el militar. De la misma manera que la mujer tomó nuevos roles en la vida real, mostrándose firme y fuerte, la figura de la heroína empezó a convertirse en parte importante del cine de acción.

Pam Grier a Coffy (1973)

Pam Grier en Coffy (1973) (American International Pictures)

Fue a finales de los años setenta cuando Hollywood descubrió el negocio de los blockbusters, películas de gran presupuesto y mejor promoción que conseguían niveles de popularidad extraordinarios y llenaban los bolsillos de los productores el fin de semana del estreno. Tiburón (1975) se considera el primer gran blockbuster, seguido por Star Wars (1977), aunque películas anteriores como Lo que el viento se llevó (1939) o Ben Hur (1959) serían sus precursoras. Los blockbusters de acción de los años setenta se centraban en la figura del héroe como único motor con agencia en la narrativa, pero alternativamente, en películas de presupuestos más discretos e incluso en televisión, las heroínas comenzaban a abrirse paso. Se encuentran muchos ejemplos en el cine de blaxplotation o explotación negra, con la figura de Pam Grier (The Big Bird Cage, Coffy, Foxy Brown) como referente, pero también en la serie Los Ángeles de Charlie (1976) o La mujer biónica (1976). En todo caso, se trata de heroínas que pese a ser sin duda fuertes, son representadas siempre como bellas y atractivas para el deseo masculino heterosexual. Habría que esperar hasta 1979 para encontrar, en Ellen Ripley, una representación que desafiara los cánones de la heroína de acción.

Ellen Ripley (Sigourney Weaver) a Alien (1979)

Ellen Ripley (Sigourney Weaver) en Alien (1979) (20th Century Fox)

Años ochenta: el legado de Ripley

El cine de acción de los años ochenta sigue, por lo general, negándose a transgredir los límites del binarismo de género: el hombre continúa jugando el rol activo, siendo el motor de la acción, mientras que la mujer queda en un segundo plano. El papel de los personajes femeninos acostumbra a ser el de víctima que precisa de rescate (Holly Gennaro en Jungla de cristal) o el de mecanismo de confirmación de la heterosexualidad del héroe (Rika van den Haas en Arma letal 2). De cualquier forma, la función principal de estos personajes es la de motivar al héroe de una manera u otra, siendo el tropo de “mujeres en la nevera” el ejemplo más obvio.

Holly Gennaro a Difícil de matar

Holly Gennaro en La jungla de cristal (1988) (20th Century Fox)

Aún así, el género de acción se vería poco a poco influido por el éxito de Ellen Ripley como protagonista de Alien. La primera película de la saga, Alien, el octavo pasajero se estrena en 1979 y marca un antes y un después para la heroína de acción, siendo definida por la crítica como el primer personaje femenino con el que la audiencia de ambos sexos puede conectar. Pero pese a su éxito, Ripley es probablemente uno de los personajes más discutidos por la crítica de cine feminista, con opiniones de todo tipo sobre el carácter progresista de su representación.

La que fuera definida como la versión femenina de Rambo es sin duda el más claro ejemplo de la masculinización de la heroína en el cine de acción, que presenta un cuerpo literalmente endurecido, el hardbody del héroe en oposición al cuerpo blando, suave y sumiso de la mujer. La heroína toma las armas, pistolas y cuchillos, codificados tradicionalmente en el cine como símbolos del poder fálico. ¿La convierte ello en simbólicamente masculina? Así lo afirmaban muchas críticas, negando que se tratara de un avance positivo para la representación femenina en el cine. Pero cabe cuestionar esta supuesta aniquilación del cuerpo femenino a favor de la consideración de las nuevas heroínas musculadas como cuerpos funcionales, preparados para la acción y la lucha, que reapropian el poder fálico como propio, a menudo para enfrentarse al mismo.

Se tome una interpretación u otra, lo cierto es que la influencia de Ripley posibilitó el lento acercamiento de la mujer al centro de la narrativa en el cine de acción, aunque aún le quedaría un largo camino por delante.

Ripley, més 'masculina' encara a Aliens (1986), la secuela a la pel·lícula de 1979.

Ripley, más 'masculina' aún en Aliens (1986), la secuela de la película de 1979 (20th Century Fox)

Años noventa: la excepción de la norma

Si la heroína de acción de los ochenta puso de moda los músculos, durante los años noventa se establece como el cuerpo de acción por defecto, e incluso como referente estético para todo tipo de mujeres, heroínas o no: desde Madonna hasta Sarah Jessica Parker, pasando por la Barbie Karateka. Es la época en la que se empieza a evidenciar el carácter realmente transgresor de la heroína de acción, que cada vez está más capacitada tanto física como intelectualmente, incluso por encima de muchos de sus héroes contemporáneos. Sarah Connor, que pasa de ser la damisela en peligro de Terminator (1984) a la heroína de Terminator 2: El juicio final (1991), es un buen ejemplo.

La proliferación de los personajes femeninos protagonistas es incluida en el propio género de acción y no relegada a un espacio genérico secundario, como ocurre por ejemplo en la comedia o el drama, lo que permite que forme parte de la propia evolución del cine de acción. Esto no significa que se haya ganado la batalla, ya que aún en los años noventa la mayoría de personajes femeninos toman roles que, si bien diversos, continúan siendo secundarios, como es el caso de Jessie Deighan, la novia de Gabe (Sylvester Stallone) en Máximo riesgo (1993), Julie Mott en Dos policías rebeldes (1995) o Kate McQueen en Caza legal (1995). Aún así, sobre todo a principios de la década, algunas consiguen mayor protagonismo, como en el caso de Acero azul (1989), El silencio de los corderos (1991) o Thelma y Louise (1991).

Susan Sarandon i Geena Davis a Thelma i Lousie (1991)

Susan Sarandon y Geena Davis en Thelma y Lousie (1991) (Metro-Goldwyn-Mayer)

En los años ochenta el énfasis del héroe masculino recaía sobre su propio sufrimiento, pero en los noventa se produce un giro hacia un tipo de narrativa más ligera, incluso cómica y paródica, que genera nuevos espacios en los que se permite el protagonismo de estas nuevas heroínas que, pese a suponer una evolución respecto a representaciones anteriores, siguen impregnadas de estereotipos.

Tal como estudia Yvonne Tasker en Working Girls: Gender and Sexuality in Popular Cinema, uno de ellos es el de la tomboy o “marimacho”, heroínas que de alguna manera transgreden los límites del género al incorporar elementos tanto de lo femenino como de lo masculino. Son ejemplo las “final girls”, como Sidney en Scream (1996), pero también otros personajes como el de Geena Davis en La isla de las cabezas cortadas (1995). La apropiación de la estética tradicionalmente vista como masculina por parte de personajes femeninos señala la inestabilidad misma del sistema binario de género, produciendo un espacio alternativo donde se puede producir la transgresión. Pese a ello, estas heroínas son representadas como inmaduras, en transición hacia el punto final de la narrativa en el que se reincorporan al orden (hetero)patriarcal. Otro tipo de estereotipo típico de los años noventa es el de la heroína guerrera, enérgica, con una fuerza y un espíritu fuera de lo normal, vista como una excepción -a menudo en comparativa con otras mujeres, representadas como débiles. Se trata de personajes como Lindsey en Abyss (1989), Marian en Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991), Lorna de Arma letal 3 o Lilly de En la línea de fuego (1993). Es una heroína que paradójicamente sigue sus propias normas y se sirve por sí misma, pero sigue necesitando ser rescatada a menudo, y es codificada claramente como heterosexual. Un origen de este estereotipo se podría encontrar en Leia de la saga Star Wars.

Rene Russo és Lorna a Arma letal 3 (1992)

Rene Russo es Lorna en Arma letal 3 (1992) (Warner Bros)

Más allá de los estereotipos, la heroína de los noventa se presenta como una fuente de fortaleza no natural que debe ser explicada o justificada, construida como masculinizada y/o como excepción a la norma femenina, pasiva y secundaria. A menudo esta justificación de su violencia va ligada a una esencialización de la mujer como maternal: lucha para proteger a sus hijos, como las mismas Ellen Ripley o Sarah Connor. Aún así, su cuerpo supone de nuevo un desafío a la representación del género como binario, al ser marcada como (excepcionalmente) no-femenina, algo que se dejaría atrás en el año 2000 con el estreno de la adaptación al cine de Los ángeles de Charlie.

Imagen principal: 20th Century Fox.


T'agrada la nostra feina?

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

1 comment

Deja un comentario

Us de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies perquè vostè tingui una millor experiència d'usuari. Si continua navegant està donant el seu consentiment i l'acceptació de la nostra política de cookies TANCAR