'Guardianes de la Galaxia 2': mix no tan alucinante

AVISO: Spoilers para la trama de la película.

En uno de los momentos de clímax de Guardianes de la Galaxia 2, uno de los enemigos del grupo le espeta al protagonista: “¿Quieres ser un dios o ser como todo el mundo?”, a lo que le responden “¿Qué hay de malo en ser como todo el mundo?”. Este intercambio resume la película entera: pura pirotecnia que dura más tiempo -casi dos horas y media de metraje- del que tarda en ser olvidada. Una cinta mediocre pero encantada de haberse conocido a sí misma que lamentablemente demuestra que el encanto de la primera entrega fue pura coincidencia.

Ooga-ooga ooga-chaka

Sea como sea, hay que reconocerle una serie de méritos a Guardianes 2 (para abreviar). La película, para empezar, es visualmente espectacular. El diseño de producción resulta original e impactante y el color está lejos de los tonos apagados de la mayoría de películas Marvel: la pantalla parece explotar a cada fotograma y la mayoría de localizaciones de la película parecen sacadas de una viñeta de la etapa psicodélica de Jack Kirby.

Las escenas de acción -que son la práctica totalidad de la película- son vibrantes y mantienen el ritmo vertiginoso, lo mismo que los chistes del elenco, que retoman los rasgos de la primera -el flirteo constante de Starlord, la literalidad de Drax, la socarronería de Rocket y las referencias a cultura popular erróneas de Gamora-. Todo sazonado con una banda sonora que se integra en la acción y que aunque no se te clavará en el cerebro como la de la primera te mantendrá sentado en la punta de la butaca. Guardianes 2 es poco menos que un asalto a los sentidos del espectador, y es imposible no dejarse llevar por semejante vendaval, pero cuando pasa la tempestad uno se queda con sensación de vacío.

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I can’t stop this feeling deep inside of me

Lo primero que se nota al intentar analizar Guardianes 2 es la sincera dificultad para encontrar algo de guión en el que rascar debajo de todas las hostias, tiros y chistes que parecen sacados de una película de Cannon Films. Pero al poco tiempo uno se da cuenta de que bajo la capa de colorines hay un buen puñado de ideas que son tan propias de los ochenta -es decir, de hace cuarenta años- como las referencias de la película. Para empezar, la idea de que aunque los guardianes se comporten de manera extremadamente disfuncional -y según como hasta agresiva- los unos con los otros, no pasa nada porque se consideran familia entre ellos. Si esta idea de familia, que legitima el abuso como manera de construir una relación, ya resulta repelente, la representación de la paternidad en la película da ganas de ir a una clínica a esterilizarse.

El núcleo de la trama es la relación entre Peter Quill, es decir, Starlord, y su padre. El padre perdido del protagonista, que abandonó a su madre y la dejó a su suerte ante un cáncer cerebral, reaparece para -literalmente- jugar a pelota con su hijo y darle su legado. Obviamente, este le perdona -por lo menos al principio- la ausencia e inmediatamente cae bajo su influencia. Más adelante se descubre que el padre de Quill provocó intencionalmente el cáncer a su madre cuando se cansó de ella porque prefería matarla a verse tentado por su amor hacia ella y que Quill es uno entre centenares de hijos a los que Ego -sutil, ¿eh?- ha engendrado por toda la galaxia, aunque al resto los ha devorado cual Cronos porque le decepcionaron. Quill no se lo toma demasiado bien y todo se resuelve al estilo Marvel, es decir, a patadas.

ego

Además de resultar aberrante en un montón de sentidos obvios, la relación entre Ego y la madre de Peter conlleva un tópico más insidioso: la perpetuación de la idea del padre ausente y la madre mártir y cuidadora, que abnegadamente se hace cargo de los hijos mientras el marido se marcha a follarse a medio universo y que, si recordáis la primera, sigue enamorada de él hasta su misma muerte. Sin embargo, Ego no es el único padre perverso de la cinta, en la que hay dos más, aunque solo aparece uno.

El segundo en discordia es Yondu, capitán pirata de los Ravagers y padre postizo de Starlord, que acaba sufriendo un motín y convirtiéndose en un héroe vital en la derrota de Ego en un giro de guión ninja más rápido de lo que se tarda en decir “pero qué narices está pasando aquí”. Yondu, padre abusivo, explotador y que llevó a Starlord a una vida de fugitivo, es rescatado mediante la técnica mágica del flashback de momentos tiernos con filtro valencia y se convierte en la auténtica figura paterna que Starlord siempre dio por sentada pero a la que nunca apreció, tampoco cuando le amenazaba con comérselo vivo o le pegaba palizas. Malditos hijos ingratos, no saben apreciar el heroísmo de un tipo con un poder molón como hacer volar una flecha y matar a decenas de personas silbando.

Yondu

El último padre horroroso de Guardianes 2 es Thanos, que aunque no hace aparición en persona en la película -estará cogiendo fuerzas para Infinity War-, sigue siendo la base de lo que caracteriza a los dos únicos personajes femeninos de la película con cierta entidad, Gamora y Nebula. Ambas siguen siendo, antes que nada, las víctimas de la manipulación de Thanos: envenenó su relación, abusó de ambas mutilando su cuerpo y sigue siendo una larga sombra sobre su vida. Aunque Gamora empieza a dejar atrás este pasado gracias a su participación en los guardianes, Nebula sigue consumida por la venganza. Aún así hay que decir que entre ambas se construye una relación de solidaridad y exploración de sus lazos familiares que si le fueran concedidos más de los tres minutos que se le dan en pantalla probablemente sería más interesante que el resto de la película.

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Girl you just don’t realize what you do to me

La paternidad perversa no es el único punto de la película que deja mal sabor de boca después del visionado: al revisar la cinta ya pasado el colocón de canciones molonas y momentos espectaculares a cámara lenta, uno se da cuenta de detalles que añaden al despropósito. Para empezar, todos los piratas espaciales son hombres. Hombres que pasan su tiempo libre en un planeta-burdel poblado por mujeres-objeto que literalmente son objetos puesto que son robots, todas de piel y cabello pálido y disponibles al mejor postor, que prefieren apagarse a hablar con sus clientes después del coito.

Luego te das cuenta de que los ideales de masculinidad de Starlord -que lo hacen fluir toda la película en el espectro que va de tío inmaduro pero con encanto a gilipollas que piensa con el pene- son los del protagonista de El Coche Fantástico, en sus propias palabras una gran figura de referencia porque “lleva un coche molón, se liga a un montón de tías buenas y además su coche tiene voz de robot”. Y luego está Mantis.

mantis

Para un personaje femenino que añade la película, Mantis es un cúmulo de tópicos: es una alienígena cuyos poderes se basan en la empatía y las emociones, con funciones eminentemente de cuidado, todos sus momentos de humor se basan en que es más tonta que un ladrillo, cuando Drax no le está diciendo que es físicamente repugnante, y por si fuera poco se trata de una mujer con rasgos claramente asiáticos que es la sirvienta -la esclava- de un hombre blanco con un ego literalmente del tamaño de un planeta. Ay, pero qué gracioso cuando le dice a Gamora que Starlord se la quiere cepillar.

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Aaah-ah-ah-aaah, hooked on a feeling

Pero esperen, aún hay más. Guardianes 2 tiene más defectos, que hasta el avispado lector que estará acechando en la sección de comentarios para afirmar que soy un feminista amargado que lo ve todo desde el género y por eso no me ha gustado la película podrá disfrutar. Para empezar, si en la primera película la seriedad de Ronan -un Lee Pace que por lo menos lo hizo mucho mejor ahí que haciendo de Thranduil en El Hobbit- daba un contrapunto que hacía funcionar el humor de los guardianes, en esta segunda película ese contraste se ha perdido.

Si en Guardianes de la Galaxia la gravedad de Ronan y la rigidez de los Nova Corps eran el trampolín para la irreverencia de los guardianes, en Guardianes 2 simplemente todo el mundo es idiota, desde los Soberanos -como el coñac- hasta Taserface, el capitán amotinado contra Yondu, cosa que diluye la mezcla y que además nos lleva al segundo problema: matar a decenas de personajes que hace un momento te han hecho reír y con los que empatizas hasta cierto punto.

El género superhéroes necesariamente acaba pasando por la capacidad para la violencia de los protagonistas, pero esto habitualmente se gira en algo positivo, oponiéndoles a un villano con el que es imposible empatizar: en Los Vengadores no pasa nada porque Ojo de Halcón asaete a decenas de extraterrestres sin rostro, o por que Hulk le arranque la mandíbula a un dragón espacial, pero ¿Verdad que os resultaría chocante que Thor le aplastara la cabeza a Loki de un martillazo en un estallido rosa de cerebro y esquirlas de cráneo? Pues imaginaos si tenemos a Yondu y a Rocket matando a sangre fría -y pasándoselo bomba- a decenas de piratas que estaban haciendo bromas hace cinco minutos. Resulta poco heroico por decirlo ligeramente.

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Estas dos resultan probablemente las dos patinadas de mayor calibre de la película, aunque no se acaba aquí el espectáculo. La cinta entera está tan obsesionada por la acción que deja un espacio nulo para los diálogos de los personajes, que hasta cierto punto eran el hecho diferencial de Guardianes con respecto al resto de universo Marvel, que parece comunicarse mediante chascarrillos y frases de chulo. Este nulo espacio para el diálogo conlleva un desarrollo nulo de los personajes, que tuvieron más evolución en la cinta en la que se los presentó que en esta.

I'm high on believing that you're in love with me

Para acabar de redondear el conjunto, Guardianes 2 es, como decía al principio, una película que está encantada de haberse conocido. Siendo un hecho el éxito -totalmente imprevisto- de la primera entrega entre el público, esta segunda parte es más de lo mismo y tiene un humor que en muchas ocasiones hace referencia a la primera cinta o directamente repite gags, convirtiéndose en un émulo de ese cuñado que hay en cada reunión familiar que inevitablemente cuenta la misma anécdota que un día hizo reír a todo el mundo a ver si repite éxito. Idealmente, Guardianes 2 sería una película sin fin, un ascenso frenético que no dejara espacio para la crítica ni la reflexión, pero al final, todo lo que sube baja.

Todas las imágenes © Marvel Studios.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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