Feminismo, o no, en "El cuento de la criada"

Tras la inauguración de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, El cuento de la criada (publicado por Margaret Atwood en 1985) reapareció en la lista de bestsellers del país, convirtiéndose en un símbolo para las opositoras a Trump. El pasado 20 de marzo, un grupo de mujeres protestaba contra las reformas anti-aborto discutidas en Texas vistiendo túnicas rojas y capuchas blancas con anteojeras que les tapaban las caras. Se trata del uniforme que visten obligatoriamente las Criadas en el libro de Atwood, adaptado a la televisión recientemente por Hulu (y disponible en HBO).

Offred, la protagonista d'El conte de la criada.

Offred, la protagonista de El cuento de la criada.

El cuento de la criada (‘The Handmaid’s Tale’) es una novela distópica situada en los Estados Unidos de un futuro no muy lejano, donde un grupo de extremistas religiosos ha tomado el control del país, ahora llamado República de Gilead. En Gilead las mujeres son reducidas a roles estrictamente limitados, y visten uniformes que determinan cuál es su papel en la sociedad. La novela cuenta cómo los desastres medioambientales han hecho caer las tasas de fertilidad de las mujeres, y el empeño del gobierno por controlar sus cuerpos ha forzado el fin de la democracia.

Los hombres culpan a las mujeres de todos los desastres y obligan a las pocas que aún pueden tener hijos -las Criadas- a convertirse prácticamente en ganado para la cría. Offred, la protagonista (interpretada en la serie por Elisabeth Moss), es una Criada, “un útero con patas”. Offred no es su nombre real, sino que determina a quién pertenece: literalmente significa “de Fred” (of Fred), es decir, del Comandante Fred Waterford. Offred vive con Waterford y su Esposa, y es violada por él una vez al mes hasta quedarse embarazada.

Criades.

Criadas llegando al juicio de un violador.

La escritura feminista de Atwood

Resulta difícil leer (o ver) El cuento de la criada y no ser consciente de cómo el género y el sexo son aspectos determinantes en la trama. Las mujeres son las principales víctimas de la sociedad planteada por Atwood, y como toda distopía, dicha sociedad parte de la hiperbolización de las situaciones de desigualdad e injusticia que forman parte de la realidad desde la que escribe la autora. Cuando el nuevo ficticio régimen llega al poder en Estados Unidos, las mujeres son despedidas de sus puestos de trabajo por ley, y pierden el derecho a propiedad. Sus cuentas del banco son congeladas y sólo sus maridos pueden gestionarlas (las que tienen, ya que cómo muestra la serie, las mujeres en relaciones no heterosexuales lo pierden todo). Offred, la narradora, explica la relación con su marido: “Ya no somos el uno del otro, ahora soy suya”.

Criades acusant a una dona d'haver estat la culpable de la seva pròpia violació.

Criadas acusando a una mujer de haber sido la culpable de su propia violación.

El cuento de la criada ha sido recibida por la crítica como una novela feminista, por razones obvias. La primera novela de Atwood, La mujer comestible, narra cómo una mujer siente que su novio está intentando asimilarla queriendo convertirla en su mujer. La historia fue aclamada como feminista tras su publicación en 1969, y está estrechamente relacionada con el movimiento de la segunda ola del feminismo de la época, incluso con La mística de la feminidad, publicado por Betty Friedan cinco años antes. Pese a las obvias influencias, Atwood rechaza la etiqueta feminista, aferrándose a una idea reductora del feminismo como un movimiento que censura la feminidad de las mujeres (en una entrevista en The New Yorker asegura que se distancia del feminismo porque si lleva pintalabios es considerada “una traidora a su sexo”). De hecho, el monólogo de la narradora de El cuento de la criada dista bastante del feminismo, revelando que la protagonista se enemistó con su madre porque ésta, activista feminista, odiaba a los hombres y todo lo tradicionalmente femenino, y le recriminaba a su hija el haberse casado con un hombre. Así, algunos aspectos de la narrativa de Atwood parecen más una crítica desviada del feminismo de los años 70 que una visión real del movimiento feminista, llegando a sugerir que quizás es este feminismo violento una de las causas de la reacción misógina en Gilead.

Els cures, els gais o els metges són penjats com opositors al règim de Gilead.

Los curas, los gais y los médicos son colgados como opositores al régimen de Gilead.

En un ensayo en The Guardian, Atwood aseguraba que El cuento de la criada no es feminista: “en una distopía feminista pura y simple, todos los hombres tendrían más derechos que todas las mujeres. Sería una estructura en dos capas: los hombres arriba, las mujeres abajo. Pero Gilead es el tipo de dictadura común: piramidal, con los poderosos de ambos sexos en la cima, generalmente los hombres por encima de las mujeres del mismo nivel”. El problema con esta justificación es que, literalmente, Atwood define las bases del movimiento feminista a la vez que pretende desligarse de él. Uno de sus argumentos es que un hombre negro puede estar más oprimido que una mujer blanca, algo que el feminismo interseccional lleva décadas defendiendo (en la novela las personas negras son esclavizadas, mientras que en la serie de momento no se ha aclarado si el gobierno sigue políticas racistas).

La Moira (Samira Wiley), la criada millor amiga de la protagonista, és lesbiana.

Moira (Samira Wiley), la criada mejor amiga de la protagonista, es lesbiana.

Feminismo tabú

Considerando el punto de vista de Atwood sobre el feminismo no es de extrañar que en la novela no se trate explícitamente el tema. Lo que sí resulta chocante es que, en pleno 2017, los miembros del equipo de la serie El cuento de la criada rechazaran rotundamente que se trate de una historia feminista. “Es una historia sobre una mujer. No creo que sea ningún tipo de propaganda feminista”, aseguraba Madeline Brewer, quien interpreta a Janine (personaje al que, spoilers, le arrancan un ojo por oponerse a la represión contra las mujeres en Gilead). El mensaje general que envía el equipo es el ya gastado tópico de que “los derechos de las mujeres son derechos humanos”, por lo tanto, es una historia sobre humanos.

Ofglen (Alexis Bledel), pateix les conseqüències de "traïr el seu sexe" mantenint una relació amb una altra dona.

Ofglen (Alexis Bledel), sufre las consecuencias de "traicionar a su sexo" manteniendo una relación con otra mujer.

No sabemos si el rechazo contundente al término “feminista” es una decisión personal de cada actriz o si viene impuesto de más arriba como estrategia de márketing. Resultaría extraño, aún así, considerando que vivimos un momento en que el término “feminista” está siendo apropiado por el capitalismo sin ton ni son (nunca pensamos que llegaría el día en que se leyera “We should all be feminists” en una camiseta blanca de algodón que cuesta 490 dólares). Sea cual sea el motivo, el repudio del feminismo por la autora del libro y el equipo de la serie resulta inusitado considerando los motivos fundamentales de la historia que nos están contando. Sí, es una historia sobre los derechos humanos, pero concretamente sobre cómo las mujeres son las primeras en perder sus derechos cuando los hombres dominan la sociedad y acaparan el poder, y cómo ciertas mujeres (blancas) se alinean con estos hombres de forma egoísta y son cómplices de la opresión del resto de mujeres. Nada más cercano a la realidad.

Imágenes: Hulu.

Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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