El Merlí bueno, el Merlí con tetas y el Merlí sin gracia

¡Vuelven los extras de raza no blanca sin diálogo puestos al fondo para quedar bien! ¡Vuelven los personajes femeninos con menos profundidad que un charco! ¡Vuelven la carne fresca a la parrilla y las hormonas revolucionadas! ¡Vuelve el cinismo más autocomplaciente y masturbatorio! ¡Vuelve el ídolo de masas, el hombre cincuentón que vive con mamá y deslumbra a mujeres con la mitad de su edad con su descomunal pen- intelecto! ¡Vuelve Merlí!

La tercera temporada del gran éxito deTV3, que se anuncia como la última, se estrenó el lunes con los correspondientes spots de acompañamiento, promoción en los informativos de la cadena y aludes de publicidad de productos derivados–“¡Compra la pulsera de Merlí! ¡La preferida de los peripatéticos!”- arrasando el prime time catalán.

Y qué episodio. Tras despachar con una frase en las escenas recordatorio de la temporada a Coralina -never forget- llegan al instituto los dos nuevos profesores: Gabi, una especie de Merlí profesor de Literatura Castellana que se comporta exactamente como Merlí, pero que por algún motivo insospechado es tratado como el imbécil que es, interpretado por un Pau Vinyals que DUELE ver así de desaprovechado después de sus geniales Horacio y Rosencranz en Hamlet el año pasado en el Lliure- y Silvana, profesora de Historia interpretada por Carlota Olcina -a la que habíamos visto últimamente en Nit i Dia-.

Silvana, a quien los spots de la temporada habían presentado como la profesora guay de la que Merlí tiene envidia y que viene a ser el antagonista de la temporada. Y creednos, más guay no puede ser. Es el estereotipo de cool girl hecho personaje. Se hace selfies con los alumnos, es cínica como Merlí, y lo primero que se dice sobre ella en la serie es que es la nueva profe de Historia, y lo segundo es un "Hostia, ¿Es guapísima, no?" de Merlí, que es regañado por Eugeni pero que lo remacha poniendo una cara de "yomelafo" tan sutil como un puñetazo en la oreja.

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Ya os adelanto que Silvana no llega a la primera pausa publicitaria del episodio -larga, que antes hay una de treinta segundos para la bebida de cacao preferida de los peripatéticos- sin ser penetrada por el ingenio de Merlí sobre una mesa vieja en el almacén del instituto, todo mientras los peripatéticos juegan con un globo terráqueo hinchable en clase porque de golpe tienen todos cinco años. Y yo que pensaba que a pesar de que era inevitable que Merlí se fuera a la cama con ella por lo menos habría unos cuantos episodios de tensión. En fin.

Justo después de la careta, Silvana se reúne con el claustro de profesores haciendo gala de varios rasgos marca de la casa, marca Merlí: cagarse en todos los políticos y "los recortes" en la enseñanza pública, una falta de sororidad total cuando LO primero que le dice a la jefe de estudios es que es una vieja, y pasando a hacer un monólogo sobre por qué dejan entrar perros en el metro y cómo los turistas se nos comen más propio de un señor que fuma caliqueños. Por si no se ha visto la sutil analogía, le responden "tú y Merlí os parecéis un poco". Lo mejor de todo es la carita de Merlí, que ve cómo la niña nueva le está adelantando por la derecha y sin intermitente jodiéndole el puesto de profesor irreverente del instituto.

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En los pasillos, Oksana y Tania charlan, pero no os preocupéis que el test de Bechdel no es superado, que hablan de chicos. De nuevo más falta de sororidad cuando Oksana le dice a Tania que ate en corto a Pol, que es muy listo y quiere hacerse camello sin decírselo -recordemos que la familia de Pol, la única que no habla catalán de la serie, es pobre. Oksana está más liberada, sólo tiene follamigos y se los tira cuando ella decide, y no seguirá siendo castigada por ser sexualmente activa, no. En el avance del próximo episodio literalmente le desaparece de un parque infantil el hijo mientras está trincando.

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Las clases de Merlí siguen con la misma tónica: dos líneas para justificar el filósofo que titula el episodio, cada vez estamos peor - "Hay mucha gente que todavía cree en el progreso [...] El siglo veinte ha sido uno de los peores siglos de toda la Historia "-, invectivas de brocha gorda contra la clase política -" hipócritas ","¿Por qué cojones hay tantos inútiles que mandan? "-, pensad críticamente y por vosotros mismos, pero sobre todo pensad cómo yo os digo que penséis. Resulta divertido como una serie que se vende como irreverente y crítica termina siendo tan autocomplaciente e idólatra, pero esto no le viene de nuevo a nadie. Lo que sí es nuevo es que llegue Silvana, haga un chiste sobre la avaricia de los políticos y le robe los aplausos a Merlí. Es el conflicto de la temporada: Merlí contra Merlí joven y con tetas.

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Después de una escena rápida con Gabi -el Merlí al que no le ríen los chistes- haciéndole mansplaining sobre poesía a la profesora de Inglés llegamos a un par de escenas interesantes: Gina se encuentra a Merlí en el instituto y le recuerda que haga la compra antes de volver a casa, todo mientras Merlí le mira el culo a Silvana. Ah, la domesticidad contra la carne fresca. Lo he visto en algún lugar este verano, realmente Merlí le toma el pulso a la actualidad:

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Después de una escena de delincuencia en el parque, que nos recuerda los mejores momentos de Médico de Familia, Tania tiene el momento de ser lo que toda futura novia debe ser en Merlí: controladora y posesiva, con unos diálogos de aquellos de Escenas de Matrimonio. Imagínate a Pepa y Abelino diciéndose: "Si yo te lo cuento todo.", "Ah, ¿Y cuando hagas de camello también me lo contarás?". Pol le pide que se calle y que pase de él, pero que siguen con posibilidades de ser algo más que amigos. Su relación irá bien, se ve claro cuando después en un bar ella le pide que no le hable más del tema de hacer de camello porque ella lo que quiere es que estén juntos y no discutan. SI ES QUE MERLÍ ES COMO THE SOPRANOS, LEÑE.

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Seguidamente, Mireia -la jefe de estudios y profesora de Latín- interroga a Eugeni porque está celosa de Silvana y de cómo la mira y le ríe las gracias él. No será la primera vez en el episodio que una mujer toma la iniciativa sexual, y no será la última vez que se da a entender que las mujeres sólo tienen ganas de sexo cuando están celosas y quieren recuperar a su hombre.

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Después de dejar que los niños de clase se entretengan con un globo terráqueo de tamaño pelota de Nivea -con esta referencia veréis la edad que tengo-, Silvana decide ir al almacén a buscar unos folios y de paso el pene de Merlí.

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Los diálogos son dignos de una porno: "¿Qué pasa Aristóteles? Que crees que eres el único creativo o qué? "," Me gusta mucho eh, este ejercicio con la bola del mundo, como la película de Chaplin.", "Te impresionado, ¿O es que te has puesto burro?". Está bien que por una vez Merlí sea el conquistado y no el conquistador, pero todo echa un tufo a fantasía de viejo que tira de espaldas. 18 minutos ha tardado en irse a la cama con ella. En fin, montage de los polvos de  Silvana y Merlí y del de Mireia y Eugeni y siguiente escena.

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Pol vuelve a casa, enseña la droga a cámara -la lleva en un paquetito de papel kraft la mar de mono- y le dice a su hermano que trabaja en un bar. En negro. A horas intempestivas. Y que este olor es del piso de abajo, que viven unos asamblearios, lo juro. Mientras tanto, Marc tiene problemas con el regreso de su padre -skater enrollado a la par que divorciado y viejoven de bandera- al núcleo familiar.

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Ah, estas son las dos tramas principales de los personajes adolescentes del episodio, las dos protagonizadas por chicos. Para las chicas nada, salvo las escenas de Tania con su madre hablando de, sorpresa, chicos. Pero total, para el interés que tienen, no pasa nada, que hemos venido a ver qué pasa con Merlí y Gina ahora que él le ha puesto los cuernos. ¿Qué esperar de Merlí, defensor de la honestidad y los valores filosóficos a ultranza? Pues que lo niegue y le haga luz de gas a su pareja, qué quieres esperar: "Gina, vale", "Gina, basta, que no he estado con nadie" y un puñado más. Le ha faltado decirle que está loca y hacerse más el indignado, pero lo ha pensado muy fuerte. Por menos ella no le cree y lo envía a que le suene mamá los mocos.

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La mañana siguiente Merlí le hace la rosca a Silvana, pero OH SNAP, ella le dice que no se piense lo que no es, aunque "tengo ganas de aprender de ti Merlí, tienes talento" y que se vaya a ponerle ojitos a otra. "Me caes demasiado bien para perderte como compañero de trabajo". El merlinizador merlinizado. Incluso le da unas palmaditas en el hombro. Luego Silvana le pregunta si él saca los alumnos de clase para dar las lecciones y se los lleva al almacén, a enseñarles la mesa donde ocurre la magia.

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La clase comienza siendo un giro del cinismo habitual de Merlí, explicando que la Historia nos permite aprender de los errores del pasado, pero se pierde toda la esperanza con un "los hijos de puta de este país van vestidos de domingo y te saludan con una sonrisa". Se ve que Pol estaba atento porque cuando su hermano le enganche vendiendo droga se justificará diciendo que total "en este país están rodando billetes de quinientos pavos como si fuera una autopista, yo he aprendido así a hacer dinero fácil" y que con los delincuentes que hay en el poder hacer de camello es una buena idea para sacar la familia adelante.

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Gina vuelve a pasar por el instituto y charla con Silvana, casualmente, de cómo Merlí es un excelente tutor, con lo que Gina responde "ah, lo conozco, somos pareja." La reacción de Silvana hace innecesario decir nada más:

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Gina, como decíamos antes, hace lo que toda buena mujer cuqui debe hacer cuando su compañero le pone los cuernos: ponerse ropa interior sexy para recibirlo y agarrar una buena cogorza de limoncello, el licor más cuqui que hay. Esto y enviar a Merlí a la mierda, lo que en la serie se vende como una tragedia y el descenso del héroe a los infiernos, pero no nos engañemos, todos sabemos que Merlí acabará triunfante, que la serie no se titula "Amar en tiempos de la miseria moral".

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Eso si, Merlí deambula perdido por un montaje de escenas nocturnas de Barcelona donde hay mucha melancolía y un búho que parece escapado de Laberinto y sólo aparece en un par de fotogramas translúcidos, que no sé a que viene pero me encanta.

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Merlí acaba con cara de perrito abandonado mirando cómo los alumnos se hacen un selfie con Silvana después de que su madre se vaya a Madrid de gira para no tener que aguantarle. Un final magnífico, donde Merlí parece que es tratado como el miserable que es, pero estoy seguro de que el episodio de la próxima semana volverá a ser tan decepcionante como este. Pasadme el limoncello.

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Fuente de las imágenes: TV3 a la carta.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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