El género y lo absurdo: el caso de 'Osomatsu-san'

A pesar de que el 2016 ya nos ha dejado –¡por fin!, dirá más de uno-, esta etapa transitoria entre uvas y regalos sigue dándonos una buena oportunidad para recapitular los libros, juegos, series o, en general, textos culturales que nos han marcado a lo largo del 2016.

En mi caso, un tipo de entretenimiento que siempre he disfrutado pero que me ha aportado descubrimientos particularmente memorables este 2016 ha sido el anime. Y es que a pesar de no haber tenido mucho tiempo para ver series este año (¡yo te maldigo, vida adulta!), 2016 me ha llevado a descubrir una de las series que más he disfrutado en tiempos recientes: la irreverente, absurda y deliciosamente intertextual Osomatsu-san. Perfectamente al nivel de la magnífica BoBoBo. Y sí, mis gustos siguen siendo bastante cuestionables. Hay cosas que los años no barren.

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F: Crunchyroll

Emitida en Japón desde octubre del 2015 hasta marzo del 2016 –y a expensas del anuncio de una probable segunda temporada-, Osomatsu-san se presenta como una secuela de Osomatsu-kun; una serie japonesa de los sesenta que, al más puro estilo Doraemon, narraba las travesuras de los pequeños sextillizos Matsuno –de hecho, no es difícil encontrar reseñas o comentarios en los que Osomatsu-kun es rebautizada cómicamente como la serie esa de los seis Nobitas. En Osomatsu-san, los hermanos Matsuno han crecido diez años con respecto a la entrega original, teniendo ahora veinte; sin embargo, las tramas transcurren en el Japón de hoy en día. Bajo un tono sardónico y descarado, Osomatsu-san se revela como una serie crítica hacia numerosos aspectos de la sociedad actual japonesa, incluyendo interesantes vistas a temas de género. Entre estos aspectos, hoy destacaré el rol de la masculinidad en el contexto de las juventudes desempleadas y la objetivación y vacuidad de la industria de los/as idols, revelando cómo una comedia aparentemente sin pretensiones refleja inevitablemente una realidad social.

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F: Ramen para dos.

Derrumbando esquemas: ninis y nuevas masculinidades en Japón

Uno de los aspectos esenciales de Osomatsu-san a nivel narrativo es que, a la edad de veinte años, los sextillizos Matsuno se encuentran desempleados y sin gran interés en encontrar trabajo. Esta problemática es contextualizada en el maravillosamente referencial episodio inicial: al ser informados de que van a regresar a la televisión en pleno siglo XXI, los sextillizos se muestran preocupados porque el humor que hizo Osomatsu-kun tan popular no funcione con las audiencias de hoy día. Decididos a mantenerse relevantes en la industria del anime, los Matsuno adoptan apariencias de idols/hosts al más puro estilo Ouran High School Host Club y obtienen gran éxito entre chicas –sin embargo, el éxito pronto les supera y el episodio se degrada a una incongruente sucesión de parodias de muchos animes (incluyendo Pokémon, Naruto y Ataque a los titanes) que enfatizan la desesperación de los protagonistas por reencontrar su sitio. Al final del episodio, los sextillizos asumen su fracaso en adaptarse y pasan los diez años siguientes sin hacer nada, llevándonos al punto actual de la narrativa: es aquí donde comienza la problemática de los Matsuno como desempleados en una sociedad de marcadas expectativas laborales en materia de género.

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F: Taringa.

Y es que la obtención de una vida laboral sólida y la masculinidad han sido dos aspectos intrínsecamente conectados en Japón desde la posguerra, al punto de que, aun a pesar de los resentimientos que el panorama laboral nipón ha sufrido en los últimos veinte años, aún prevalece la idea de que los hombres deban aportar el salario –al menos, en mayor medida- al hogar [i]. Los sextillizos Matsuno, siendo claros ejemplos de ninis (ni estudios ni trabajo en proceso), ilustran un estilo de vida adoptado por muchos jóvenes japoneses en señal de rebelión contra las expectativas laborales y de género perpetuadas en Japón, una suerte de leitmotiv que les caracteriza a lo largo de la serie.

Esta actitud autosaboteadora reluce, por ejemplo, en el episodio 4 (Independicémonos), cuando los padres planean separarse y, desesperados por retener su fuente de sustento, los sextillizos se someten a una entrevista de la que sólo tres serán escogidos para seguir bajo el amparo financiera de su madre. Similarmente, en el episodio 7 (Todomatsu y los cinco demonios) Todomatsu –el sextillizo menor- encuentra trabajo en Sutabaa (Starbucks); sin embargo, se lo oculta a sus hermanos por miedo a que estos le descubran y arruinen su puesto, y dan así a ver las tensiones existentes entre los hermanos de cara al mundo laboral. A pesar de que a menudo sea una fuente clave de humor, el tratamiento del desempleo por parte de la serie sirve como un reflejo de nuevas tendencias en materia de masculinidades en un país de marcada rigidez en representaciones de género y vida laboral.

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F: Tumblr.

Las desventuras de Totoko: el mundo de las idols en Osomatsu-san

Otro aspecto tratado por Osomatsu-san es el mundo de las idols femeninas, celebridades –a menudo cantantes– adolescentes cuya fama se basa en su apariencia kawaii (dulce y mona). En la serie, este tropo es explorado a través de Totoko, personaje secundario y eterno interés romántico de los sextillizos. A pesar de que, en Osomatsu-kun, Totoko era una chica de personalidad agradable, en esta secuela se presenta como un personaje más egoísta y narcisista, especialmente cuando se trata de sus intentos de lanzar su carrera como idol –al punto de confesar sin tapujos que cantar no le interesa realmente y sólo pretende ser popular y tener fanboys. A lo largo de la serie, Totoko intenta organizar eventos como fish idol (ataviada en un disfraz ¡mitad pez, mitad calamar!), y fracasa en obtener seguidores más allá de los siempre fieles hermanos Matsuno. Un ejemplo claro es el episodio 8 (El sueño de Totoko), en el que los sextillizos la ayudan repartiendo pescado por la calle para promocionar un concierto suyo y, a la hora de su actuación, ve que los asistentes sólo están ahí para conseguir más pescado gratis. El marketing, claramente, no es lo suyo.

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F: Osomatsukun.wikia.com

Aunque Totoko es una clara parodia de las cantantes idol, su subtrama deja a entrever varias problemáticas de género de dicha industria. Aun siendo fría y narcisista, Totoko adopta una capa de dulzura en sus actuaciones, un pilar clave de la autorepresentación de este tipo de cantante de cara al público: en Japón, las idols femeninas tradicionalmente emanan un aura de candidez tanto en su gesticulación como en su habla para así despertar el instinto protector sus seguidores –muchos de los cuales son hombres [ii]. El carácter fuerte de Totoko transluce a menudo en su frustración al ver que solo atrae a los sextillizos –los cuales la objetivan como objeto de su afección sea idol o no- y, por tanto, su careta de idol raramente dura: sin embargo, sus extravagantes intentos de triunfar no dejan de reflejar una industria que es particularmente destructiva en el caso de las mujeres, cuyas carreras suelen tener una duración media de tres años [iii]. En un país dominado actualmente por incontables formaciones idol como las masivas AKB48 (cuyos sencillos exceden el millón de copias en horas), Osomatsu-san se atreve a deconstuir una industria que objetiva y a la larga perjudica considerablemente a las intérpretes femeninas.

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F: Osomatsukun.wikia.com

El humor de Osomatsu-san obtiene respuestas polarizantes con su naturaleza absurda y descarada. En Japón, el anime ha resultado inmensamente popular y ha reimpulsado el ya tradicionalmente fuerte interés en la franquicia, dando lugar a uno de los mayores fenómenos de anime en los últimos tiempos: parte de este fenómeno, sin lugar a dudas, nace de la crudeza con la que la serie refleja diversas realidades del país, aun haciéndolo tras una cuidada máscara de humor irreverente. La serie, lejos de ofrecer soluciones, simplemente se limita a presentar la vida de los hermanos Matsuno y a hacernos pasar un buen rato; sin embargo, no deja de acercarnos a los cambios que afronta una sociedad de sobra conocida por su rigidez en cuanto a roles se refiere. Y de paso nos hace reírnos sin buscarle sentido a las cosas durante unos veinte minutos. Pocas series manejan tantos niveles de significado y marcan tanto.

Todas las imágenes © Pierrot, 2015-16.

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[i] Cook, Emma E. “Expectations of Failure: Maturity and Masculinity for Freeters in Contemporary Japan.” Social Science Japan Journal 16.1 (2013): 29-43.

[ii] Aoyagi, Hiroshi. Islands of Eight Million Smiles: Idol Performance and Symbolic Production in Contemporary Japan. Cambridge: Harvard University Press, 2005.

[iii] “Ateisuto no Jumyou,” Nikkei Entertainment, Mayo 1999.

Jose Viera

Filólogo e investigador independiente con un máster en estudios ingleses avanzados obtenido en la Universitat Autònoma de Barcelona. Su trabajo de fin de máster versó sobre representaciones de hombres homosexuales mayores en los medios. Actualmente prepara su tesis doctoral en representaciones neo-victorianas del autor Charles Dickens.

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