El desastre sexista de 'Cazafantasmas' (1984)

Con el estreno de la nueva película de Cazafantasmas, rodeada de polémica porque aparentemente a muchos les resulta inaceptable en 2016 tener cuatro mujeres como protagonistas, se habla más que nunca del film original, estrenado en 1984 y glorificado como cine de culto por toda una generación.

Pero, de todos aquellos que aseguran que las nuevas cazafantasmas les han arruinado la infancia, ¿cuántos han revisitado recientemente el clásico que con tanto cariño recuerdan? Porque, viéndola 30 años después, parece una película que seguramente arruinó infancias ya por sus propios méritos.

Es cierto que Cazafantasmas (1984) es esclava de su contexto, y encaja en la estética del cine ochentero que tendemos a encumbrar con mayor o menor acierto (más relevante que nunca con el boom que ha generado el estreno en Netflix de Stranger Things). La película puede resultar entretenida, si bien el ritmo cae en picado durante la segunda mitad, y se echa en falta la acción pura y dura. Como comedia deja mucho que desear y muchos de los chistes y bromas más que provocar la carcajada dan bastante vergüenza ajena, como la escena (totalmente gratuita y fuera de contexto) de sexo oral entre una fantasma y un humano. La película es extremadamente sexista, y cada uno de sus personajes femeninos un claro estereotipo degradante.

En Venkman, mansplaining a una pobra noia (Columbia Pictures).

Venkman, 'mansplaining' a una pobre chica (Columbia Pictures).

Alice, la bibliotecaria que se enfrenta al primero de los fantasmas, es cuestionada por Venkman (Bill Murray) y puesta en duda porque la menstruación podría impedirle controlar su cuerpo y mente. En la misma librería, los cazafantasmas encuentran el fantasma de una chica leyendo, una amenaza ya en sí misma. Poco antes, en una escena especialmente espeluznante (y no por los fantasmas), el mismo Venkman se aprovecha de su autoridad científica para engañar de forma poco sutil a una chica bastante ingenua. Y, por si su dominio sobre la joven no fuera suficiente para establecerse como macho dominante, lo hace mientras electrocuta a otro pobre chico que se ofrece como conejillo de indias en sus experimentos. Por supuesto los cazafantasmas precisan de una Secretaria Sexy, que pese a ser competente en su trabajo es ninguneada por ellos: “Alguien con tus calificaciones no tendría problema encontrando un buen trabajo. Como camarera o limpiadora.”

Janine, la secretaria dels caçafantasmes (Columbia Pictures)

Janine, la secretaria de los cazafantasmas (Columbia Pictures)

Aún así la peor parte se la lleva Dana (Sigourney Weaver), una mujer soltera que vive sola en un piso de Nueva York y que, obviamente, acaba siendo poseída por un fantasma, ya que la independencia de la mujer durante los años 80 era motivo de terror social. Al principio de la película, Dana tiene un extraño encuentro con seres bizarros en su cocina y acude a los cazafantasmas pidiendo socorro. Es Venkman quién, de nuevo, actúa como salvador, construyendo su masculinidad a partir del poder que el saber científico le otorga y el acoso a mujeres vulnerables. La escena de la posesión alude claramente al imaginario de la violación: tres brazos monstruosos salen del sillón donde está sentada, cogiéndola de la ingle, el pecho y tapándole la boca. No hay espacio en este texto para enfatizar suficientemente lo desagradable y tóxico que resulta el personaje de Bill Murray durante toda la película, pero el hecho de que se llegue a plantear violar a Dana mientras está poseída es un buen ejemplo del nivel en el que se encuentra.

Dana és posseïda (o violada) pels fantasmes del seu apartament de soltera (Columbia Pictures)

Dana siendo poseída (o violada) por los fantasmas de su apartamento de soltera (Columbia Pictures)

El apartamento de una chica soltera e independiente es, obviamente, lugar para el terror y lo sobrenatural, y es donde se manifiesta Gozer, una criatura que toma forma de mujer semidesnuda y desata el caos sobre Manhattan. Es venciendo a la inmodestia de Gozer como los cazafantasmas recuperan la paz y el orden en la ciudad. Y, por supuesto, el héroe obtiene su recompensa: Dana besa a Venkman, y ruedan los créditos. Quizás deberíamos dejar de debatir sobre el supuesto feminismo de la versión de 2016, y preguntarnos qué supone la extendida glorificación nostálgica de un texto tan problemático como este.

L'heroi i el seu premi per salvar la ciutat (Columbia Pictures).

El héroe y su premio por salvar la ciudad (Columbia Pictures).

 

Imagen principal: Columbia Pictures


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Irina Cruz

Irina Cruz

Comunicadora audiovisual, doctoranda en cine contemporáneo con visión de género.

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