'Doctor Strange': la magia (y el 'whitewashing') llega a Marvel

Aviso: Contiene spoilers para Doctor Strange.

Nos ha llegado justo a tiempo para Halloween el más paranormal de los héroes de la Marvel. Creado en 1963 por Steve Ditko, Doctor Strange es fruto, como tantos otros personajes de la casa, del intento de aprovechar una moda. Si en caso de Luke Cage fue el blaxploitation y en el de Iron Fist las artes marciales, con Strange la casa de las ideas quería aprovechar el éxito de cómics de terror paranormal como Creepy o Tales from the Crypt (Cuentos del Guardián de la Cripta), de gran éxito en los años sesenta, pero Ditko añadiría una dosis importante de psicodelia, también muy en boga en la época.

La aventura más reciente del personaje, esta vez dentro del universo cinemático Marvel, retiene estos elementos originales: el interés por lo paranormal, la psicodelia, un aire más intelectual que otros cómics de la casa... y dosis importantes de orientalismo y apropiación cultural. Aún así estas carencias son solucionadas en algunos casos con la puesta al día del personaje, en una película que a pesar de no ser la mejor del estudio se acerca a ello.

Un blockbuster sólido

Doctor Strange cuenta con un guión que se apoya sin ningún tipo de pudor en la fórmula que Marvel ha perfeccionado: viaje del héroe, épica y dosis de humor. No es demasiado -por no decir nada- original, pero el resultado es redondo. Especialmente se nota la mano de Dan Harmon, el genio detrás de Community, en los gags más lucidos de la película. Sin embargo, se echa en falta más metraje en apartados como la formación del héroe y su aprendizaje, un nudo que se ve un poco estrangulado por querer dar más peso al planteamiento -la necesaria historia de origen del personaje- y al desenlace -un clímax espectacular donde se rompe el tiempo y el espacio- en una cinta que no llega a las dos horas de duración.

El protagonista claro de la cinta es el elemento nuevo en el universo Marvel: la magia. Un poder que ni se pretende explicar ni tiene sentido, lo que se expone de manera brillante en un meta-diálogo que recuerda a aquel fragmento de Looper donde el personaje de Bruce Willis afirmaba que intentar explicar la lógica de los viajes en el tiempo sólo sirve para provocarle un dolor de cabeza horrible. La magia es a la vez tangible y etérea, formas brillantes que sueltan chispas y crepitan en el aire, en un despliegue de efectos especiales el mayor mérito es que no resulta incoherente con la película a pesar de la eminente irrealidad de la magia. Aún así, los poderes mágicos de los personajes se ven limitados por el guion -qué malnacido, el guion-, que les asigna limitaciones arbitrarias sin las que la película no funcionaría.

La película se inspira libremente -y sin manías- en el arte original de Ditko, pero también en los dibujos de M.C. Escher o fuentes más cercanas como Inception (Origen) o 2001. Toda la magia es pirotécnica, grandilocuente, pero sin demasiada sustancia ni coste, pero esto encaja perfectamente en el universo limpio y aséptico del universo Marvel, en un espectáculo que a veces hasta todo resulta mareante y agobiante cuando la realidad de los personajes literalmente se desploma y se pliega en sí misma todo en pantalla. Los fans de la imaginería lisérgica estarán contentos.

El héroe cerebral

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Benedict Cumberbatch alivia pronto todas las dudas que suscitó que le asignaran el papel de Strange. Como neurocirujano es arrogante y carismático como el mejor Robert Downey Jr., como hombre accidentado y desesperado recuerda al Sherlock que recurrirá a cualquier método para alcanzar su objetivo, y como protector de la realidad es moral y recto como Chris Evans vestido de Steve Rogers. Los momentos de humor con la ayuda de Wong están pautados con maestría y Cumberbatch hace de Strange un personaje inesperadamente empático.

La actuación del inglés construye un personaje con personalidad propia, intelectual, imaginativo y pacifista -aspecto que se recalca en un momento brillante de la cinta, donde Strange sufre una crisis (toda la crisis que se puede sufrir en una película de la Marvel) después de matar a un secuaz del antagonista-, y las facciones extrañas de Cumberbatch y su colección de interpretaciones cerebrales encajan a la perfección con el personaje. Stephen Strange es mucho más protector que vengador, y sus herramientas son la imaginación y el ingenio. Un héroe que recuerda en sus mejores momentos a otro Doctor, Doctor Who, que resuelve los conflictos con creatividad e inteligencia y no con tortazos como todo el resto de protagonistas de la casa.

Mujeres sufridoras y antagonistas desaprovechados

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Uno de los apartados más flojos de la película es la trama romántica con Rachel McAdams, muy creíble en su relación con Strange, quebrada pero cercana, más madura que las que encontramos habitualmente en el universo Marvel, pero aún así superficial y poco necesaria. Emplear una actriz de este talento -que salvaba ella sola la segunda temporada de True Detective- para un papel así de menor es criminal, pero no tanto como el Kaecilius de Mads Mikkelsen, que resulta aburrido, innecesario y poco carismático a pesar de estar encarnado por un actor que superó la interpretación de Anthony Hopkins como Hannibal Lecter.

Chiwetel Eijofor como Mordo también resulta poco carismático, aunque su personaje prefigure un antagonista para próximas -inevitables- entregas de la franquicia. Sus motivaciones y su contraste con Strange configuran no obstante una dinámica de compañerismo convertida en rivalidad que puede ser muy interesante y que ha dado buenos resultados en franquicias que van desde La Guerra de las Galaxias -Obi-wan y Vader- a X- Men -Magneto y el Profesor X- hasta el Señor de los Anillos -Gandalf y Saruman.

Apropiación cultural y 'whitewashing' para el mercado chino

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Como decíamos al principio, sin embargo, no se puede esquivar la cuestión de la apropiación cultural y el whitewashing en la película. Nuestro protagonista viaja a Nepal a conocer a sus maestros pero se encuentra a dos magos ingleses -el Anciano de Tilda Swinton y el Mordo de Eijofor- y un chino -el Wong de Benedict Wong. ¿No hay magos nepalíes? ¿Porqué en Nepal cuando el personaje del Anciano era tibetano en el cómic original e incluso llevaba las túnicas amarillas de monje tibetano?

La respuesta más clara es China. China, el segundo mercado cinematográfico más grande del mundo, no puede ver -literalmente- el Tíbet y estrenar cualquier película que haga referencia a este territorio es un problema. Así, rápidamente convertimos el Anciano en una mujer celta y de golpe logramos contentar al mercado chino y a las feministas, que ven una mujer haciendo el papel de un mentor masculino en los cómics, y aún más, cuando el personaje se presenta como no-binario durante la campaña de marketing de la película, aunque después todo el mundo se refiera claramente a él como mujer. Y el santuario del Tíbet donde aprendió Strange se convierte en Kamar-Taj, una localización de fantasía. De fantasía oriental.

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Kamar-Taj es una mezcla extraña de diferentes elementos asiáticos. Se accede desde Nepal, pero sus ocupantes llevan ropa claramente inspirada en Japón. La cerámica es china, el patio del templo -uy, no, Kamar-Taj no es un templo- es muy similar al de un templo budista, y así podemos seguir. Es una muestra de orientalismo clásico: una mezcla cultural para pasear por una apariencia asiática exótica vaga, sin específicos, y sobre todo sin gente asiática.

Este problema resuena en muchos de los títulos recientes de Marvel, desde los ninjas mágicos de la segunda temporada de Daredevil hasta la aún no estrenada Iron Fist, donde un hombre blanco se convierte en maestro de un arte marcial enseñado tradicionalmente en una dimensión paralela vagamente asiática. Resulta particularmente decepcionante en Doctor Strange cuando vemos que Wong, el personaje que en los cómics es un sirviente genéricamente asiático, está actualizado con estilo y encajándolo al guión, convirtiéndolo en la réplica de los chistes de Cumberbatch. Es una pena que cuando con Wong se ha superado el exotismo y el orientalismo, la película caiga en tantos otros puntos.

Un futuro extraño

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El futuro del Doctor Extraño está por ver en el universo Marvel, donde no sabemos cómo se encajará un personaje con tales poderes y que literalmente puede manipular la realidad para que encaje mejor con sus intenciones, pero las secuelas son inevitables. Especialmente cuando vemos la primera escena de los créditos, que pone a Strange en el centro de la trama de los Vengadores y que está dirigida por Taika Waititi, que está a cargo de la próxima entrega de Thor. Marvel entra en territorio inexplorado con una adaptación que supera muchos de los problemas del material original pero que retiene algunas sombras e incorpora nuevas, pero que sobre todo lleva la magia al universo de los superhéroes.

Todas las imágenes (c) 2.016 Marvel Studios.

Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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