Destrozando Disney: '101 Dálmatas' (1961)

Ante todo: Sí, 101 Dálmatas es una película navideña. ¿No recordáis la persecución en la nieve? ¿Los Valores Familiares™? ¿Anita literalmente decorando un árbol de Navidad? Pues tengo buenas noticias: podéis hacer un experimento de nostalgia, verla con las gafas feministas puestas (ya sabéis, las de destrozar Disney) y sobrevivir a la experiencia.

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101 Dálmatas (1961) es uno de los clásicos de la compañía, una de las últimas películas estrenadas antes de la muerte de Walt Disney en 1966. Precedida por La dama y el vagabundo (1955) y La bella durmiente (1959), 101 Dálmatas destaca por el estilo sencillo de los fondos, como ilustraciones de un libro infantil un poco excéntrico, la falta de números musicales, por ser una aventura trepidante de secuestros y persecuciones, y sobre todo por el carisma de la villana, Cruella de Vil. Es una adaptación de la novela Los ciento un dálmatas (1956), de Dodie Smith, autora del clásico juvenil I Capture the Castle.

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Icónico.

Pongo, un dálmata, está preocupado porque su mascota, el compositor Roger Radcliffe, está soltero. Para acabar con tanto aburrimiento y tanta soledad decide buscar una compañera para cada uno; por suerte, enseguida se fija en Perdita, una dálmata, y su mascota Anita. Surge el amor y las dos parejas se casan. Cuando Perdita espera cachorros, Anita recibe la visita de una compañera de escuela, la terrorífica Cruella de Vil, amante de los cigarrillos que huelen fatal, de los abrigos de piel, de conducir como una loca, de las #aesthetics por encima de todo valor ético, y colmo de la gente que se queja de los veganos.

¿Literalmente Satanás?

Cuando los quince cachorros nacen, Cruella contrata dos criminales -Horace y Jasper- para que los secuestren; la pobre niñera, Nanny, no consigue pararlos. La policía no encuentra al culpable, así que los dálmatas hacen sonar la alarma canina mediante “la ladrada del crepúsculo” (y espero no ser la única que de pequeña creía que este era un sistema real). Cerca de la mansión gótica de Cruella viven un caballo (el Capitán), un gato (el Sargento Tibbs) y un perro pastor (el Coronel), que localizan a los cachorros de Pongo y Perdita… y a ochenta y cuatro perritos más. Con la ayuda de otras mascotas y animales de granja, los padres consiguen rescatar a todos los dálmatas y escapar de Cruella y sus esbirros, cruzando el campo hasta Londres en plena nevada. Todo acaba bien, claro: la canción “Cruella de Vil” es un temazo, ahora el matrimonio Radcliffe es rico, y se pueden permitir una granja donde vivir con los ciento un dálmatas.

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[Insertar broma sobre mujeres conductoras]

¿Qué hacemos con 101 Dálmatas desde una perspectiva feminista? Por un lado, pasa el test de Bechdel al primer cuarto de hora: Cruella y Anita hace tiempo que se conocen y hablan más sobre los cachorros que sobre Roger. Por otro lado, los personajes masculinos lideran toda la acción, mientras que Anita y Perdita siempre van detrás de sus respectivos maridos sin mostrar iniciativa alguna. Todos los animales deciden proteger a los cachorros, pero las únicas hembras aliadas son las nodrizas por excelencia: cuatro vacas.

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El teléfono tiene una mini-calavera.

El personaje más memorable es, por supuesto, Cruella de Vil. Podríamos hacer un estiramiento olímpico y proponer que se la demoniza porque es una mujer ambiciosa e independiente, fuera de las estructuras de la familia nuclear (en su mansión está el retrato de un Conde, que podría ser su padre o un marido desaparecido, mientras que en la novela original sí está casada), que fuma y conduce, y que responde al estereotipo misógino de la mujer como epítome del consumismo desesperado. Sin embargo, es difícil encontrarle una sola virtud que reivindicar.

La influencia que tiene sobre sus ayudantes se basa tanto en el chantaje como en el privilegio de clase: después de un par de Black Russians, quizás podría argumentar que Cruella representa la burguesía dispuesta a explotar cualquier recurso y que Horace y Jasper son los miembros de los bajos fondos que mantienen el sistema (si Victor Hugo lo hacía, ¿por qué no Disney?). En este caso, en Roger y Anita podrían ser una especie de intelligentsia bohemia que asciende socialmente mediante la sátira de las clases dominantes, y toda la trama es una alegoría anti-especista subversiva donde la solidaridad de clase sale ganando. Boom.

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PUPPIES!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Seamos realistas: Cruella de Vil es una construcción misógina, una evolución de la Reina de Blancanieves que, por su vanidad, haría cualquier cosa por símbolos de estatus materiales; una motivación que se podría aplicar a un personaje masculino, pero que en nuestra cultura está marcadamente feminizada. Anita y Perdita no están suficientemente desarrolladas: ¿Qué objetivos tienen, más allá del fin común de recuperar los cachorros? ¿Qué elementos de personalidad las definen? ¿Qué aportan al rescate? ¿Qué han aprendido al final de toda la aventura?

Al final, los valores que se defienden son los de la familia y la protección de los desvalidos por encima del materialismo y el egoísmo: no es nada malo, pero tampoco es algo revolucionario.

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Imagen principal: Animation World Network

Imágenes: Disney


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Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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