De tomboys a 'cool girls'

Cuando yo era pequeña, recuerdo la admiración que sentía hacia mi hermana.

Jugaba al fútbol con los chicos de la clase, no le gustaba ir con falda y, en carnaval, la recuerdo disfrazada de una especie de Rambo, con un mono, un rifle y la cara manchada de negro. Mi hermana era una tomboy y para mí esto era admirable.

Hablar de estereotipos es peligroso, se puede caer en una descripción general de carácter similar a la que te sale cuando hacías tests de la Super Pop (¿Eres una chica guay? ¿Eres una más de los chicos?). Los estereotipos, sin embargo, están presentes en la narrativa mediática y permean la percepción social de ciertos comportamientos. Al representar personajes femeninos que subvierten los roles tradicionalmente asociados a la feminidad el tomboy es un ejemplo claro.

El término tomboy para referirse a una chica (antes se utilizaba para chicos) se comenzó a emplear en el 1590: "Una chica salvaje y alocada que actúa como un chico con carácter". El personaje de Jo en Mujercitas sería un buen ejemplo de tomboy del siglo XIX. Durante la primera ola del feminismo, este estereotipo quedaba reducido a mujeres de primera o media clase y blancas.

Una chica tomboy podría parecer un estereotipo subversivo. Cuando vemos a Arya de Juego de Tronos luchando con espadas y negándose a llevar vestidos lo vemos como algo admirable, al igual que yo admiraba a mi hermana por jugar al fútbol con los chicos ¿Por qué? ¿Es tal vez porque el comportamiento se acerca al género por defecto, el masculino? Una niña como Sansa, a quien le gusta coser, ponerse vestidos y soñar con novelas románticas de caballería, ¿es algo menos admirable? Tanto un estereotipo como el otro, la niña tomboy y la niña girly, deberían ser igualmente legítimos o vistos desde una misma óptica positiva o negativa.

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Tomboys y sexualidad

En los años de liberación sexual, se relacionó el término tomboy con movimientos queer. En el libro Tomboys and Cowgirls: The Girl’s Disidentification from the Mother, la psicoanalista Dianne Elise, señala que más lesbianas afirman haber sido tomboys en su juventud que no mujeres y chicas heterosexuales, por razones relacionadas con la sexualidad.

El tomboy es un término que parece desaparecer con la aparición de la adolescencia. El tomboy es un personaje esencialmente asexual ya que está exclusivamente asociado a un personaje infantil, una niña. ¿Qué pasa más allá de la adolescencia? ¿Cuál es la evolución narrativa del personaje del tomboy? En la narrativa mediática encontramos una evolución del tomboy claramente destinada al público masculino heterosexual, la cool girl.

De tomboys a cool girls

La cool girl es la evolución sexualizada de la tomboy que se convierte en objeto para satisfacer el deseo heteronormativo masculino. Una definición perfecta de la cool girl la encontramos en la descripción de Gillian Flynn en Gone Girl:

‘Ser una tía guay significa que soy una mujer sexy, inteligente y divertida a la que le encanta el fútbol, el póker, los chistes guarros y que eructa, que juega a los videojuegos, bebe cerveza barata, le gustan los tríos y el sexo anal, y se atiborra de perritos calientes y hamburguesas como si estuviese protagonizando la mayor orgía culinaria del mundo, mientras, de alguna forma, consigue mantener una talla XS, porque las tías guays son por encima de todo sexis. Están buenas y son comprensivas. Las tías guays nunca se enfadan; solo sonríen con desazón, de una forma encantadora, y dejan a sus hombres hacer lo que les dé la gana […].

Los hombres creen que esta chica existe. Quizá estén engañados porque hay muchas mujeres que están dispuestas a fingir que son esa chica. Durante mucho tiempo, las 'tías guays' me han irritado. Veía a los hombres –amigos, compañeros, extraños– atontados por estas horribles mujeres falsas y quería sentarlos y decirles calmadamente: 'No estás saliendo con una mujer, estás saliendo con una mujer que ha visto demasiadas películas escritas por hombres socialmente ineptos a los que les gusta pensar que este tipo de mujer existe y que les besará'.

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Otra manera de definir la cool girl es la de una chica que adopta actitudes y aficiones tradicionalmente masculinas pero que sigue manteniendo una apariencia sexualmente deseable -siempre desde un prisma masculino heterosexual- y, en caso de tener pareja, mantiene una libido constante. Este estereotipo está presente desde los inicios del cine, desde Clara Bow hasta Jane Fonda. La cool girl es representada constantemente, tenemos a Mary que no se molesta por nada en Algo Pasa Con Mary, Mila Kunis siempre sexualmente dispuesta y con alergia al compromiso en Friends With Benefits (Mila Kunis en cualquier película, realmente), Kate Hudson comiendo hamburguesas y cerveza pero manteniendo un tipo perfecto en Como Perder a un Chico en 10 Días, la fumadora de puros con pánico al compromiso Robin de How I Met Your Mother (aunque su personaje evoluciona más allá del esterotipo).

El personaje de la cool girl es tóxico. Permea en la sociedad y afecta a las expectativas y al comportamiento tanto de hombres como de mujeres. Como todos los estereotipos explotados en los medios de comunicación se basa en una mentira y en una descripción unidimensional de carácter. Aún así es la chica deseable por antonomasia, no sólo por su físico imposible si no porque no sólo no cuestiona los tópicos de género de la masculinidad sino que los refuerza y reduce su propia feminidad a una caricatura, el objeto sexual perfecto.

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Confieso que este estereotipo inalcanzable me afecta y me sigue afectando. Hace un tiempo tuve una conversación con mi hermana en la que ella me acusaba de pretender ser una coolgirl, lo que a ella le provocaba inseguridades. Pensé mucho en lo que me dijo y creo que tenía razón: aunque genuinamente me gusten los videojuegos y los cómics de superhéroes es cierto que, en según qué contextos he explotado estos hobbies como algo de lo que estar orgullosa. Afirmaba que me gustaba Rambo pero escondía como placer culpable haber visto Orgullo y Prejuicio múltiples veces, comentaba Ultimate Avengers pero ocultaba mi afición por las novelas de Helen Fielding. Cuando compartía piso en Costa Rica fui a un club de striptease con mis compañeros de piso porque no quería parecer una "reprimida"; con mis amigos de Beijing reía de cómo hablaban de sus aventuras sexuales, muchas veces de manera poco respetuosa, porque quería integrarme en su dinámica.

Lo cierto es que bebo cerveza y como hamburguesas y engordo, no tengo el vientre plano ni el culo perfecto. Me gustan algunos videojuegos pero no soy buena jugando. He visto Rambo, Rocky y Terminator pero también he visto todas las temporadas de Sexo En Nueva York. A veces no me apetece follar. Leo cómics de superhéroes pero también chicklit, he leído fanfiction romántico de Harry Potter. Los pedos que me tiro huelen mal, no siempre estaré de buen humor y dispuesta a escuchar chistes verdes. Me enfado, grito y lloro, a veces sin demasiada razón. No soy una cool girl, porque la cool girl no existe.

No creo que admirar a una niña porque le guste jugar al fútbol sea más sano que admirar a una niña porque le gusta vestirse de princesa. No creo que el estereotipo de la cool girl sea algo real, sin embargo, como dice Gillian Flynn, he visto demasiadas películas escritas por hombres socialmente ineptos a los que las gusta pensar que este tipo de mujer existe y las sigo viendo y sigo luchando contra la expectativa externa y propia de no querer parecerme a algo tan irreal. Este tipo de arquetipos aún informan nuestras expectativas cuando nos relacionamos tanto con los demás como con nosotras mismas, y hay que ser crítica y superarlos.

Nora Soler

Nora Soler

Diseñadora especializada en comunicación interactiva. Ilustra y escribe para Zena.

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