Curarse o desaparecer: La medicalización de la discapacidad en la televisión

Ya hemos hablado antes en Zena de la discapacidad en el mundo de los superhéroes y de la necesidad de que los personajes discapacitados sean interpretados por actores discapacitados.

Sin embargo hay un problema que subyace a los hechos discutidos en ambos artículos: la medicalización de la discapacidad, y en particular, la medicalización de la representación de la discapacidad.

Todo esto suena como un trabalenguas, pero es un fenómeno muy sencillo de explicar: la representación de la discapacidad en los medios tiende a estar centrada en presentarla como una enfermedad, y como enfermedad que es, como algo que hay que curar a cualquier precio. Esto es problemático por varios motivos, como por ejemplo que hay discapacitados que, simplemente, no se pueden curar. Sin embargo, es un problema sobretodo porque la medicalización reduce a los personajes discapacitados a una enfermedad, a estar caracterizados exclusivamente, o de manera dominante, por su necesidad de ser curados.

De este modo, los personajes discapacitados en la ficción, e incluso las personas discapacitadas reales que aparecen en informativos, por ejemplo, a menudo -muy, muy a menudo- son encasillados dentro de esta necesidad de "superación", de curación de la enfermedad, y a la vez se caracterizan por ser una "inspiración" cuando lo hacen o hacen un esfuerzo para hacerlo.

Antes de comentar la representación de la discapacidad en la ficción, quedémonos con una noticia prototípica sobre discapacidad ofrecida por los informativos de TV3.

Ante todo, es obvio que esta iniciativa es loable, y que, por sí misma, es algo bueno, incluso deseable. No obstante, cuando esta es la manera de representar los discapacitados recurrente en los informativos, nos encontramos ante un problema.

Cuando sólo vemos a los discapacitados en los informativos en este tipo de contenidos, acompañados de palabras como "superación", "solidaridad" e "integración", estamos dando a entender que el discapacitado sólo se realiza cuando "supera" su diversidad funcional, cuando recibe la "solidaridad" de una persona no discapacitada, y cuando "se integra" a la sociedad "normal" mediante una actividad, en este caso, deportiva, que normalmente no podría hacer si no es con gran dificultad.

Hay unas cuantas como ésta, sólo en TV3, y resultan condescendientes, paternalistas e innecesarias. Informan a la sociedad de la realidad de los discapacitados de una manera extremadamente unidimensional, y sobre todo transmiten a los discapacitados que la vean que si no realizan actividades de este tipo, son menos relevantes e incluso menos valiosos como individuos, pero esto sería tema para otro artículo.

Ya en el campo de la ficción televisiva, proponemos este pequeño test por los personajes discapacitados:

Intercambia al personaje discapacidad por un personaje exactamente igual en todos los sentidos pero sin ninguna discapacidad.

¿Sigue teniendo sentido su inclusión en la historia? ¿Tiene fines, relaciones, intereses o características más allá de su discapacidad?

Si no lo tiene, vamos mal.

La discapacidad de un personaje debería ser un aspecto más del personaje. Si es el único rasgo del mismo, estamos simplificando y deshumanizándole. Por otra parte, si el personaje no sólo está caracterizado por su discapacidad sino que además su manera de relacionarse con esta es sólo anhelar su curación, el problema es doble.

Miremos, por ejemplo, el personaje de Artie en Glee, una serie que se jacta de ser progresista y que por otra parte es muy progresiva en la representación de la diversidad racial o sexual. Artie utiliza una silla de ruedas. Y Artie quiere bailar.

Esto, de por sí, no es problemático en absoluto. Podría ser una manera de desarrollar el personaje, Artie podría aprender a bailar empleando su silla de ruedas, sin ir más lejos.

Pero, ¿cómo desarrollan los guionistas este anhelo? Con una escena donde sueña que se cura milagrosamente y baila.

Esto es problemático, aparte de porque hace evidente que el actor que interpreta a Artie no es discapacitado, porque de nuevo encasilla el personaje en su discapacidad, y su felicidad y realización la condiciona a su curación. Estamos perpetuando esta idea de que los discapacitados sólo se pueden realizar como personas si "integran" y se "curan".

Sin entrar a exámenes en detalle, encontramos multitud de casos similares en el cine y la televisión, como por ejemplo el protagonista de Avatar, que deja atrás su cuerpo discapacidad como forma de realizarse.

Avatar (c) 20th Century Fox

La representación de la discapacidad, como la de cualquier otra circunstancia, puede oprimir o empoderar. El público asumirá como naturales las conductas y estereotipos proyectados, y está en manos de los creadores, pero también del público, elegir qué queremos que sean estos contenidos. Los discapacitados, en muchos casos, no podemos ser curados de nuestra discapacidad y simplemente tenemos que vivir. Pero no somos sólo una discapacidad. Somos individuos tanto complejas y ricos como cualquier otro. Ya va siendo hora de que se vea así.

Todas las imágenes extraídas de IMDB y propiedad de sus respectivos autores.


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Marc Bellmunt

Marc Bellmunt

Doctorando en periodismo, realiza una investigación sobre la relación entre los consumidores de videojuegos y sus prácticas comunicativas. Colabora en La Garriga Digital.

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