Cine Tróspido: "Xanadu", la visión de un sueño

¿Qué es Xanadu?, dices mientras clavas
en mi pupila tu neón azul.
Xanadu es un desastre. Xanadu es un sueño realidad. Xanadu inspiró los premios Golden Raspberry a la peor película. Xanadu podría ser la película que emocionó a Susan Sontag. Las posibles interpretaciones de esta maravilla del séptimo arte son múltiples y la futilidad de todas ellas es clara. No es posible explicar Xanadu, pero voy a intentarlo.
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Xanadu es un musical de 1980, y lo parece. Dirigida por Robert Greenwald, que décadas más tarde fue reconocido como director de documentales pacifistas políticamente comprometidos, y con música de Electric Light Orchestra, conocidos por su temazo "Mr Blue Sky", que es muchas canciones en una, la película cuenta con la presencia estelar de Michael Beck (Los amos de la noche), Olivia Newton-John (Grease) y Gene Kelly (Un americano en París, Cantando bajo la lluvia) en uno de sus últimos papeles. La mayor presencia tróspida, sin embargo, es la del coreógrafo Kenny Ortega, que tan buenos momentos nos ha dado con El Paso de Dirty Dancing y las películas de High School Musical.

Los créditos se proyectan sobre una imagen del planeta Tierra, sobrevolado por aviones cada vez más modernos hasta llegar a... Una nave espacial. ¿Es una película de aliens? No exactamente. Pero la nave está allí. El siguiente plano es de un señor tocando el clarinete en una playa, así en frío.

Nos presentan al protagonista, Sonny Malone (Beck), un artista torturado que se siente atrapado por las cadenas del capitalismo ochentero, pobrecico. "¡Qué narices!", exclama, y se me rompe el corazón, "los tíos como yo no deberíamos soñar." Ay, hijo, no digas estas cosas. Sonny rompe su obra en pedacitos y los tira al viento -vuelan hasta un mural, donde están pintadas las nueve musas. Sí -diosas de las artes que proclaman a los héroes. Ante tal metáfora de los sueños rotos de un artista, las musas se animan a bailar sensualmente a cámara lenta sin mirarse entre ellas. Lo que ocurre a continuación os sorprenderá.

Así, entre neones y disco agónico, conocemos a Kira (Newton-John), que patina a la velocidad de la luz. Sonny está tristón porque ha descubierto que tiene que trabajar para ganar dinero. Se conocen, pero Kira huye con efectos sonoros (algo parecido a fus fus, clink clink) y hay transiciones potentes. Sonny hace lo que haría cualquier persona normal y decide perseguirla a pie, en moto y en patines. Mientras busca a la patinadora misteriosa, Sonny conoce a Danny (Kelly), el clarinetista solitario. Sí - todos los personajes tienen algo terrorífico. El mismo Sonny, el muggle de la película, podría ser un alienígena: su idea del rock de los 80 es "seis tíos vestidos de naranja" (que sí, aparecen).
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Quién no se ha ido a la playa a tocar el clarinete sensualmente alguna vez.

 Resulta que Danny fue un músico en los años 40 y estuvo enamorado de una chica exactamente igual que Kira - momento en que debemos empezar a pensar que es una rompecorazones inmortal. Las civilizaciones caen, pero las musas patinadoras con auras de neón permanecen.
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Danny toca el clarinete imaginario con un flashback a 30% opacidad de fondo.

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Lo típico que te emocionas tanto que tú también te conviertes en fantasma.

Kira es la versión mitológica de la Manic Pixie Dream Girl -la chica que existe para inspirar al héroe- hasta el punto de que no tiene ningún tipo de personalidad propia. Hay algo siniestro en el hecho de que no sepamos sus intenciones, ni hable claro, ni parpadee jamás. Surgen tres teorías:
  1. Es una alienígena que cultiva humanos para llevárselos a la nave nodriza.
  2. Es una versión perturbadora de Peter Pan, un ente psicótico que se olvida de los hombres a los que ha arruinado la vida.
  3. Es una especie de Gone Girl psicodélica que manipula a Sonny hasta alterar su percepción de la realidad y terminará por destruirle.
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Olivia ha venido a robar corazones... y almas.

Kira inspira a Sonny a dejar su trabajo (¡alarma nuclear!), y deciden abrir un club de música con Danny. Tras mucho buscar un recinto, deciden quedarse con una especie de fábrica de película de terror donde probablemente haya muerto gente. La relación de Sonny y Kira sigue adelante, y sellan su amor con purpurina una secuencia de animación digna de secuela de Disney directa a VHS. Por si no me creéis:
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Ya. Yo tampoco me creo que haya visto esto con mis cuatro ojos, pero las pruebas están ahí. Sonny y Kira no tienen suficiente con ser de dibujos, sino que encima se convierten en peces y pájaros (ella lleva calentadores, lo que me parece un puntazo). La locura no termina aquí. Cuando vuelven a ser personas de carne y hueso, nuestros héroes se llevan a Danny y le hacen un cambio radical. Sí, la escena del makeover se la lleva el señor mayor. ¿Qué opinará la teoría feminista sobre esto? La escena no tiene desperdicio: Hay MODELOS HACIENDO COSAS. COCHES ROSAS. CLAQUÉ. APOCALIPSIS.

Las canciones son demasiado largas y suenan a hilo musical de ascensor. Las coreografías podrían petarlo, pero el trabajo de cámara es un desastre -Si Grease fue *NSYNC, Xanadu es Westlife. Los personajes bailan con sonrisas fijas. El diálogo es lento y doloroso, pero fascinante, deleitándonos con frases como:
[Mientras patinan]: Las ruedas están en movimiento.
O:
Danny: ¡Xanadu!
Sonny: ¡Xanadu!
Kira: ¡Xanadu!
O:
Sonny: Por Xanadu.
Kira: Por los sueños.
Y la cosa no termina aquí. Kira confiesa que es una musa y que, para ella, tener sentimientos (¡gasp!) está prohibido. Se va en una nube de neón, y Sonny vuelve a estar tristón. Esta vez la persigue en shorts; cuando encuentra el mural mágico, decide LANZARSE CONTRA LA PARED EN PATINES y, como dijo el poeta, meterse pa' lo hondo. Nada tiene sentido, pero funciona.
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 Sonny entra en el Upside Down Monte Helicón y suplica a la voz divina de Zeus que le dejen estar con su amada. Por alguna razón, no funciona. Sin embargo, Kira consigue convencer a los dioses con una canción en un solo plano, mirando a cámara. Sin duda, Tom Hooper se inspiró en esta escena para Los miserables.
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 Llegados a esta secuencia tengo que parar la película, secarme las lágrimas y caminar por casa un rato, pero lo mejor está por llegar.
Por fin llega el estreno de Xanadu, el local donde los sueños se vuelven realidad. ¿Recordáis cuando iban a abrir un club de música? Es una pista de patinaje disco. Hay modelos y camareras con hombreras     -una delicia. Pisan fuerte y se oyen cánticos de "¡Xanadu! ¡Xanadu!". La señal para que descienda la nave nodriza. Llega el temazo por el que todos estamos aquí (vale la pena verlo entero, lo juro, y eso que en esta versión no bailan country) y solo queda dar las gracias a las musas y al Olimpo entero.

Imágenes: Xanadu / Universal Pictures
Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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