Cine tróspido | 'Date Movie'

El ecuador de la década de los 2000 ha quedado marcado en nuestro psique por muchas razones.

Entre los eventos que han redefinido nuestra sociedad podemos mencionar la tímida entrada de Internet en nuestras vidas, móviles cada vez más ligeros y dados a la interconectividad –¿vídeos y fotos en un cachivache tamaño bolsillo? ¡qué suerte tengo de ser un millenial!–, estrellas adolescentes cantando temas pop/rock descafeinados… y, muy convenientemente para nuestra sección Cine tróspido, un sinfín de películas paródicas que no sé qué pretendían realmente: si hacernos pasar un buen rato en el cine, o experimentar hasta qué punto puede llegar nuestra tolerancia por el cine basura. Posiblemente una mezcla de ambas.

Desde la llegada de la ¿gran? Scary Movie allá por 2000, una retahíla de películas paródicas bajo el prefijo –Movie comenzaron a emerger a casi una por año. El palmarés obtenido por la franquicia incluye joyas como Scary Movie 2, 3 y 4 (con una quinta lazada en 2013), Epic Movie, Superhero Movie, Spanish Movie (¡grande Silvia Abril!) y, como veremos hoy, Date Movie (2006). Lo que empezó como una original forma de parodiar películas desde una perspectiva trash, sin embargo, terminó convirtiéndose en un sinfín de películas prácticamente iguales y que más que reír, nos hacían poner cara de asco –Date Movie probablemente tienda a ser de estas últimas películas pero, aun así, no deja de emitir un aire nostálgico de finales de los noventa e inicios de siglo XXI. Todo a través de parodias de comedias románticas de la época –petardeo puro, vamos.

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Date Movie nos acerca a la vida de Julia Jones (Alyson Hannigan), una joven con sobrepeso con un claro sueño en la vida: encontrar el amor verdadero (¡vivan los personajes planos!) y no terminar como su vecina de enfrente, un paradigma –demasiado literal– del tropo de «mujer de los gatos». Decidida a cambiar el rumbo de su vida, Julia sale a la calle con un claro objetivo: pillar cacho. Es entonces cuando presenciamos uno de los momentos más grotescos del largo: Julia dando everything al ritmo de la mítica “Milkshake” de Kelis. ¿El resultado? Demasiadas caras de disgusto y, posiblemente, una escena demasiado incómoda que podrían haberse ahorrado. Pero esto es Date Movie, y la cosa solo puede volverse más loca.

Tras probar su suerte con resultado infructuoso –aún nos encontramos lejos de la edad de oro de Tinder, y en esta peli se nota–, Julia llega a su trabajo, un restaurante griego (referencias obvias, ¿dígame?) familiar en el que conocemos a su familia: su padre judío griego negro, su madre india y su hermana japonesa. Su familia es tan genéticamente interesante como represiva, especialmente su padre, que tiene claro que Julia debe casarse con su fiel –y algo pordiosero– empleado, Nicky. Julia ignora por completo las presiones de su padre y se dispone a servir a la clientela, momento en el que se cruza con Grant Folloatuhija, un joven por el que Julia siente una instantánea atracción (si no definimos los estereotipos desde el inicio, no se trata de una peli romántica cutre).

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Grant también parece ser captivado por Julia pero, desafortunadamente, Julia se gira un momento y le arrea con su cafetera por accidente. Al volverse, no ve a su amado (que yace en el suelo, probablemente inconsciente) y asume que ha huído de ella –otra decepción en la vida de Julia Jones. Qué drama.

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Nuestra heroína, sin embargo, está decidida a no rendirse y acude a la ayuda de un profesional del amor – el cual, si hablamos de mediados de los 2000, no podía ser nadie más que Hitch. Pero no el de Will Smith, que el caché probablemente estaba muy alto.

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Nuestro particular Hitch es bastante honesto de primeras: arreglar la vida sentimental de Julia va a estar difícil. Pero como en toda comedia romántica que se precie, los milagros a lo deus ex machina siempre acuden al rescate. Hitch lleva a Julia a un taller de chapa y pintura (literalmente), donde le hacen una reconstrucción en la que nuevamente se apela a nuestra sensibilidad… o a la falta de ella. La cosa es que Julia experimenta su propio cambio radical (no paran las alusiones a 2005, oye) y está más que lista para su siguiente parte del plan. Que no es otra que ir a un concurso de ligoteo en el que Grant es el soltero a conquistar. Esto es un no parar.

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Ya en el concurso, Julia logra emerger victoriosa –por suerte, porque todas las otras candidatas eran disparadas con un rifle al ser eliminadas– y tiene una exitosa cita con Grant, con su correspondiente revolcón post-cena. Va todo tan, tan bien que Julia invita a Grant a conocer a sus padres –una idea que, con lo cerrada que es su familia (y posiblemente el hecho de que sólo se conocen de dos días), sólo puede ir… fatal. Al punto de que Grant accidentalmente destruye la urna que contiene el cadáver –sí, el cadáver– de la abuela de Julia (parodia hipérbolica de Los padres de ella) y, por consiguiente, pone la situación algo en contra.

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Desanimada por la desastrosa cita, Julia piensa que es mejor terminar la relación, a lo que Grant responde con su pedida de matrimonio -mientras que, de fondo, Michael Jackson es vapuleado por una madre; el buen gusto estaba algo demodé en 2006-. Bieeen. El noviazgo sigue adelante (incluyendo el encuentro de Julia con los padres de Grant, muy al estilo Los padres de él) hasta que Julia finalmente conoce a la mejor amiga de Grant, Alex. Una mujer que de hecho fue prometida de Grant en el pasado. Más precisamente, hasta hace tres semanas. Qué estrés eh –en esta película siento que todo pasa muy rápido.

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Sobra decir que Alex no viene en son de paz. Tras ir de compras juntas para comprar el vestido de novia, Julia se cortocircuita con unos cables –pero que no cunda el pánico, que no muere. En su lugar, obtiene el conveniente poder de leer las mentes (¿qué esperaban?) y descubre que Alex pretende sabotear la boda para recuperar a Grant. Es entonces que Alex y Julia se encaran en una batalla al más estilo Kill Bill (literalmente) –la guerra ha empezado.

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…O eso creíamos, pero lo cierto es que la guerra no dura mucho. El día de su boda, Julia se da cuenta de que tiene un grano masivo en la barbilla – lo cual la mantiene ocupada por una hora y le hace llegar tarde a la ceremonia. Es entonces que Alex aprovecha su oportunidad y, a pesar de la negativa por parte de Grant a volver juntos, le planta un beso de despedida –momento idóneo para que Julia llegue y se arme (¡aún más!) drama. Julia rompe inmediatamente con Grant, y un flashforward nos lleva a unos meses después.

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Medio año tras la ruptura, Julia continúa dolida por lo sucedido, pero finalmente accede a casarse con Nicky. Cuando están a punto de casarse, sin embargo, Julia tiene una serie de flashbacks sobre su relación con Grant y, cuando está a punto de decir el «sí, quiero», su padre objeta. Parece haberse dado cuenta de que eso no es lo que Julia quiere, y le dice que gracias a los flashbacks se ha dado cuenta de que Grant es un buen hombre (sí, por lo visto los flashbacks no son personales, sino que todos los personajes los ven). Entonces le muestra un recorte de revista –un artículo de Grant para Cosmopolitan en el que se lamenta de los errores que tuvo con Julia– y Julia lo tiene inmediatamente claro: debe correr a su encuentro. En la azotea de su propia casa, para ser más precisos.

Mención honorífica a la escena en la que Julia coge una moto para llegar más rápido y, con toda la cara del mundo, nos muestran a un hombre musculado haciendo de doble. Supongo que lo más cómodo de rodar una –Movie es que el punto es justamente no currárselo.

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Vuelta a la narrativa: como es de esperar, Julia y Grant se reencuentran, se perdonan y, para rematar, se casan. La película, sin embargo, no termina sin dejarnos otro momento esperpénticamente tróspido: ya casada, la pareja marcha a la isla de Kong y graban una extraña versión de King Kong en la que Carmen Electra es desnudada y manoseada por el primate. Posiblemente sea el remate final a nuestra capacidad de tolerancia.

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En cierto modo, Date Movie termina como empezó: dividiéndome entre no saber si apreciar lo tróspida que es o si condenarla como una película que pasa de lo políticamente incorrecto a lo sexista directamente. Al verla de nuevo esta semana para escribir el artículo, sentí una extraña contradicción: me reía mucho menos de lo que me reí al verla hace diez años, pero sin embargo sí era más receptivo a las referencias e incluso podía apreciar su intertextualidad. Date Movie no deja de ser mala –muy mala–, pero irónicamente deja un mensaje claro: las comedias románticas pueden llegar a ser muy estúpidas, y nuestro error de confundirlas con la realidad, también. Una vez más, la hipérbole y lo grotesco quizá oculten verdades importantes.

Todos los fotogramas e imágenes © 20th Century Fox.

Jose Viera

Filólogo e investigador independiente con un máster en estudios ingleses avanzados obtenido en la Universitat Autònoma de Barcelona. Su trabajo de fin de máster versó sobre representaciones de hombres homosexuales mayores en los medios. Actualmente prepara su tesis doctoral en representaciones neo-victorianas del autor Charles Dickens.

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