Carrie Fisher: Ahogada a la luz de la luna

Lo que pasa es que te vas al espacio y ya no pesas. Hasta aquí bien, ¿verdad? Pero entonces tu cuerpo se expande, pero tu sujetador no - así que te estrangula tu propio sostén.

Ahora creo que esto sería un obituario fantástico - y les digo a mis amigos más jóvenes que no importa cómo muera, quiero que se diga que me ahogué a la luz de la luna, estrangulada por mi propio sostén.

Carrie Fisher sobre cómo reaccionó cuando George Lucas le dijo que en el espacio exterior no hay ropa interior en su monólogo Wishful Drinking.

En cuestión de días hemos perdido a George Michael, cantante e icono de la comunidad LGTBI, a Vera Rubin, astrónoma que demostró la existencia de la antimateria, a Núria Pompeia, pionera del cómic feminista, a Richard Adams, autor del clásico La colina de Watership, y a la actriz, guionista y escritora Carrie Fisher. Ya se ha hablado mucho de la cantidad de iconos culturales que han desaparecido este año. Tal vez tengamos un estrato de referentes envejecido, y que muchas de las obras que hoy vemos como rompedoras y nostálgicas a la vez aparecieron entre los sesenta y los ochenta; tal vez éste sea un panorama al que nos tenemos que acostumbrar.

Sea como sea, lo cierto es que todas estas figuras nos ayudaron a cuestionar lo establecido; a George Michael le arrastraron fuera del armario y dijo vale, pues ahora me veréis. Vera Rubin no fue reconocida con el Premio Nobel que se merecía, pero cambió nuestra forma de entender el universo para siempre. Para muchas, Carrie Fisher fue Leia Organa, princesa espacial, heroína de acción, modelo a seguir desde la infancia. Para otras como yo, que nos acercamos a Star Wars más tarde, Carrie Fisher fue presencia en Internet primero y actriz después.

Carrie Fisher nació en Beverly Hills en 1956 y creció en el frenesí hollywoodense de cámaras, grandes estrellas y cotilleos. Hija de la actriz Debbie Reynolds (Cantando bajo la lluvia) y el cantante Eddie Fisher, sus anécdotas sobre su infancia entre la jet set del cine son una delicia absoluta para todos los fans de la industria. Consiguió el papel de Leia a los diecinueve años, y si bien jamás salió de su sombra como actriz, su impacto en el mundo del cine va más allá.

Con Leia, vimos que era posible ser princesa y algo más. Es muy fácil rechazar el papel de princesa como necesariamente plano, incluso frívolo; Leia mantuvo la dignidad de una princesa, y le añadió la capacidad estratégica de una general, la proactividad incansable de una heroína, el desdeño de una adolescente y la rabia de la esclava que ahoga a Jabba el Hutt con sus propias cadenas. El papel de princesa seguía ahí, pero no era un límite sino una baza. Gracias a su retorno en El despertar de la fuerza vimos a la princesa Leia convertida en la general Organa; la misma líder de la rebelión pasados los sesenta años. Hemos visto a mujeres de edades parecidas en papeles similares - Judi Dench como M en la franquicia de James Bond por ejemplo - pero ninguna del mismo calado.

Carrie Fisher, además de ser actriz, era revisora de guiones - lo que se llama "script doctor". Revisó el guion de El imperio contraataca, y en los noventa se dedicó a ello de forma más o menos oficial, si bien su nombre jamás apareció en los créditos. Entre las películas que pasaron por su bisturí y sus pinzas encontramos éxitos como Hook o Sister Act. ¿Su norma principal? Hacer a las mujeres más listas y las escenas románticas mejores. Fisher destacó por su ingenio sarcástico, dirigido tanto hacia otros como a sí misma. El discurso sobre George Lucas - en su propia ceremonia de homenaje - debería ser la octava maravilla del mundo.

Además de revisar guiones, Carrie Fisher escribió una novela de gran éxito, Postales desde el filo (Postcards from the Edge, 1987), que se adaptó al cine en 1990. Protagonizó el monólogo Wishful Drinking, publicado como autobiografía en 2008, emitido por la HBO para el deleite de fans y curiosos; no os lo perdáis. Hace unos meses publicó el diario que había escrito durante el rodaje de la trilogía original de Star Wars bajo el título The Princess Diarist; además, se la conocía por su estilo de tweets casi jeroglíficos.

A parte de su creatividad e inteligencia, debemos recordar a Carrie Fisher por su esfuerzo por desestigmatizar las enfermedades mentales y, simplemente, por no callarse ni disculparse. Fisher  habló - siempre con sinceridad y cachondeo - sobre cómo le exigían perder peso para las películas, sobre cómo hubiera preferido no llevar aquel bikini metálico y lo incómoda que se había sentido con él, su adicción a las drogas y, sobre todo, su trastorno bipolar.

Es como un virus del cerebro. Te hace ir muy rápido o estar muy triste, o ambos a la vez. Ésos son días divertidos. Juzgar no es uno de mis puntos fuertes, pero tengo una buena voz, escribo bien, y no soy muy buena yendo en bici. Soy como los demás, excepto que soy más ruidosa y más rápida, y duermo más.

Carrie Fisher explica qué es el trastorno bipolar a un niño en la Comic Con

Carrie Fisher tuvo una columna en el periódico The Guardian donde habló de su vida con el trastorno; además, llevaba a su perro de terapia, Gary, a los eventos y las entrevistas vestido con una mochila de purpurina. En una cultura de cotilleo, historias escabrosas y estrellas venidas a menos, Carrie Fisher fue valiente, entera y vulnerable. Podemos elegir a Leia o a Carrie como modelos; el resultado es el mismo, ya que fue en ellas mismas donde encontraron esperanza.


Imagen principal: Business Times

Jana Baró

Jana Baró

Doctoranda en literatura inglesa de entreguerras. Investigando sobre historia, moda, fandom y comunidades lectoras.

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