Björk en el CCCB

Este artículo está escrito por Alba J. Bagà.

Björk es conocida por su música electrónica y experimental, así como por su excentricidad a la hora de actuar y de vestir.
La exposición en el CCCB se inauguró el 14 de junio y permanecerá abierta hasta el 24 de septiembre y, sinceramente, seas fan de Björk o no, vale la pena verla.

La exposición de Björk está basada en su último álbum, Vulnicura, que trata sobre el dolor que sufrió la cantante después del divorcio con su exmarido y artista Mathew Barney.
La exposición tiene sus puntos fuertes y flacos, pero en conjunto la experiencia final es positiva, interesante y muy creativa. Nada más subir a la segunda planta del CCCB, hicimos grupos de unas treinta personas y, una vez hechos, empezó la exposición, formada por seis experiencias audiovisuales interactivas. Antes de cada experiencia audiovisual, un guía nos explicaba lo que teníamos que hacer para poder disfrutar mejor de ellas.

La primera experiencia se basa en una habitación oscura con un montón de altavoces diferentes. En esta sala se reproducían simultáneamente la canción “Black Lake” y dos videoclips prácticamente idénticos. La idea era que fuéramos andando por la sala y escuchando la diferencia de sonido de unos altavoces a otros, pero, sinceramente, no se notaba nada. No sé si era debido a que la sala era demasiado pequeña o si la sonorización no era bastante buena, pero no se percibía prácticamente ninguna diferencia entre un lugar y otro. Por lo tanto, considero que esta primera experiencia fue un tanto decepcionante.

Las siguientes tres experiencias audiovisuales interactivas eran videoclips donde teníamos que hacer uso de las gafas de realidad virtual para sumergirnos dentro de un total de cinco videoclips de Björk. El primer videoclip es el de “Stonemilker” y en este nos encontramos en una playa islandesa y a la Björk cantante alrededor de nosotras. La idea era que te pudieras girar y mirar donde quisieras, pero la cantante se triplica y acaba pareciendo que te persiga todo el rato. Esta experiencia la valoraría como un tanto decepcionante, puesto que a pesar de que el guía decía que disfrutáramos del paisaje de la playa, al final no puedes hacer más que mirarla a ella constantemente. Además, el efecto 3D es bastante malo y se veía pixelado.

Los dos videoclips siguientes ya iban mejorando: primero uno donde Björk lleva puesta una máscara creada por la diseñadora y arquitecto Neri Oxman y traída al mundo real mediante una impresora 3D. En este videoclip, en teoría, también podías girarte y mirar otras cosas, pero al no haber nada alrededor, al final te quedabas mirando la cantante cómo crece y se le ilumina la máscara. Eso sí, la máscara es impresionante. El siguiente videoclip trataba sobre la dolorosa operación de cuerdas vocales a la que la cantante tuvo que someterse después de tantos años dedicándose a cantar. El videoclip interactivo nos introducía dentro de su boca y veíamos su interior desde todos los ángulos. Una propuesta atrevida e interesante.

Las últimas dos experiencias también eran videoclips, pero todavía más interactivas que las anteriores, porque no sólo podías moverte en círculos dentro de los videoclips, sino que también podías interactuar mediante unos mandos. En la primera de estas experiencias tenías que buscar la herida de Björk y disparar con los mandos hasta que salieran unos cables de tus manos que se van adentrando en la herida. Una vez dentro, entras en una especie de fondo marino oscuro donde vemos a Björk en 3D cantando “Notget VR”, otra canción que habla de las desgracias del amor, tema constante en todo su último disco. Durante el videoclip, Björk en 3D va creciendo e iluminándose hasta que se convierte en un ser brillante, gigante y con alas.

Después de tantas experiencias de realidad virtual, acabas un poquito mareada. Seguramente esto también lo pensó Björk, puesto que la sala que las sigue dispone de unas almohadas desde donde podíamos ver cómodamente videoclips más antiguos del artista, esta vez sin 3D. En la última sala había una mesa con un montón de pantallas táctiles donde podías jugar a las diferentes aplicaciones pedagógicas y musicales que Björk diseñó en 2012 junto con el álbum Biophilia. Esta fue también una de las partes que más me gustaron de la exposición. La artista ha creado tantas aplicaciones musicales diferentes, interesantes y bonitas que podría llenar otro artículo entero.

Así pues, la exposición vale la pena por diferentes razones: para ver cómo se pueden utilizar las nuevas tecnologías audiovisuales desde un punto de vista artístico e innovador; para tener una experiencia artística inspiradora y original y, cómo no, para disfrutar de la maravillosa música de la gran artista Björk.

Imagen destacada: fotograma del videoclip “Stonemilker”. Fuente: Youtube.

 

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