'13 Reasons Why': la víctima perfecta

Hace unas semanas volvía a Netflix la segunda temporada de 13 Reasons Why. Para aquellos con peor memoria, la serie se centraba en la historia de Hannah Baker, una adolescente que tras algunos problemas en el instituto (acoso y violación) decide suicidarse.

La segunda temporada se centra en el juicio. Los padres de Hannah, especialmente la madre, demandan al colegio por no ser conscientes del acoso que recibía Hannah y por no haberle prestado ayuda cuando ella denunció su violación ante el consejero del colegio. Ambas partes se ven involucradas en un duro y largo juicio, que llena a la madre de Hannah y a aquellos que saben la verdad sobre su situación de impotencia. La abogada del colegio es implacable y acaba transformando Hannah de víctima a acusada.

Esta situación no dista mucho de lo que estamos acostumbrados a ver últimamente en las noticias y no se puede evitar recordar casos como el de la Manada. Y esto es precisamente lo mejor que tiene esta segunda temporada, su verosimilitud con la situación actual ante casos de acoso y violación, dónde la víctima es igual o más juzgada que su agresor.

Las relaciones de Hannah con los chicos juegan en su contra, al considerarse que una chica que había tenido tantas relaciones estaba buscando lo que le pasó. Al fin y al cabo, ¿y si su relación con el supuesto violador sí fue consentida, pero que luego se arrepintió y decidió denunciarle? Esto nos lleva a la idea del consentimiento, que aún hoy en día parece un concepto complejo, cuando en realidad todos sabemos si lo tenemos o no. La serie también hace hincapié en ello y sugiere que, en vez de culpar a la víctima, en este caso a Hannah, quizás habría que preguntarle al agresor si sabia al 100% si lo tenía o no, y no confundir silencios o la supuesta reputación de Hannah con un .

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La vida antes y después de una agresión parece definir el veredicto de la víctima. En el caso de Hannah, su reputación con los chicos parece decir que lo estaba buscando. Jess, otra de las protagonistas, también víctima de una violación por el mismo agresor que Hannah, decide continuar con su vida y salir con chicos para pasar página. Según la opinión pública, ello indica que ha superado demasiado rápido lo que le pasó y que a lo mejor la agresión que sufrió no fue como ella recuerda.

Estas diferentes perspectivas que ofrece la serie ante esta situación hacen llegar a la conclusión de que para aceptar un caso como violación se busca a la víctima perfecta, cuya vida antes fuese completamente casta y pura y cuya vida después sea completamente miserable, porque su pasado y futuro pueden ser usados en su contra.

Hannah no sólo fue víctima de violación, sino también de acoso escolar, acoso que otros de sus compañeros siguen sufriendo. Ello genera un odio que acaba con violencia y armas en el recinto escolar, otro de los temas a la orden del día.

La serie ha sido acusada varias veces de romantizar el suicidio y fomentar la violencia por ser demasiado específica. No obstante, no muestra nada que uno no pueda ver, como he dicho previamente, en los telediarios. La serie lidia con situaciones muy actuales y muestra los diferentes puntos de vista tanto de la víctima como del agresor, lo que lleva a entender mejor el problema. Además, también señala sus consecuencias tanto como para aquellos principalmente involucrados como para los que se encuentran en un segundo plano; e intenta definir conceptos relevantes y necesarios como el consentimiento.

Imágenes de Netflix.


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